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El puerto romano de la Albufereta

Hace tiempo, el azar me llevó a leer un pequeño artículo de EuropaPress en el que se afirmaba que las excavaciones en Lucentum, llevadas a cabo por el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ) en el yacimiento del Tossal de Manises, junto a la alicantina playa de la Albufereta, indicaban que fue fundada por los cartaginenses en el siglo III a. C., a pesar de que lo que a todos nos suena es su importancia estratégica durante la dominación romana.

Lo que ocurre es que hay veces que, tras tantos titulares de prensa, a uno le hace pensar si nos encontramos ante nuevos secretos a voces, de tantos que se han ido publicando de tiempo en tiempo, como ahora veremos. De todas formas, ¿quién sabe?, igual es posible que los hallazgos arqueológicos en el Tossal de Manises nos deparen algún día que nos encontramos, en realidad, ante la mítica Akra Leuké de las antiguas crónicas griegas. Pero, de momento, nos seguimos situando en el terreno de la historia-ficción.

Recreación virtual de la ubicación de Lucentum y su entorno

La cuestión es que me hizo recordar que, en un magnífico artículo de Rubén Bodewig Belmonte titulado El yacimiento submarino de la Albufereta, me permití insertar un comentario en el que afirmaba que nunca entenderé que nos quieran «vender» en medios de comunicación determinados descubrimientos, cuando no son tales. Así, hacía referencia, por ejemplo, al bombo y platillo que le dieron al supuesto «hallazgo» del Torreón de San Francisco, cuando fue encontrado durante las obras de encauzamiento de las aguas pluviales en la Rambla y la Explanada, mientras estaba sobradamente descrita dicha torre en numerosos documentos históricos de Alicante sobre el antiguo recinto amurallado, así como el «descubrimiento» de la Puerta del Mar de nuestra ciudad, en obras de acondicionamiento de la calzada peatonal anexa a la Explanada de España. Bastaría consultar, por ejemplo y sin ir más lejos, el libro de Pablo Rosser Limiñana titulado Nace una ciudad. Origen y evolución de las murallas de Alicante (Concejalía de Cultura, 1995).

Añadía, a continuación, en mi comentario, que ocurrió algo similar con el puerto romano de la Albufereta, cuando se afirmó en los medios de comunicación que se había descubierto sus restos durante las obras de encauzamiento del barranco del Juncaret. A este respecto, terminaba diciendo que guardo un pequeño libro en mi biblioteca de documentos antiguos de Alicante, en el que Francisco Figueras Pacheco, autor del mismo, describía estos restos pormenorizadamente: El antiguo puerto interior de la Albufereta de Alicante. Descubrimiento y descripción (Gráficas Moscat, 1955).

¿Existe el «Estilo Alicantino»?

Muchas han sido las veces que se me ha planteado esa pregunta, bien en el transcurso de una conversación, bien en un foro de opinión o debate, o bien en las redes sociales. Buena pregunta, siempre generadora de polémica, que, bajo mi punto de vista, dependiendo del enfoque que le demos, podría responder sí y no. Trataré de exponer mi percepción al respecto.

Desde los primeros compases de Les Fogueres de Sant Joan, los foguerers, dejando a un lado el incuestionable hecho de que fuera una fiesta importada de Valencia, a imagen y semejanza de Las Fallas, hemos querido diferenciarnos de ellas, como viene teniendo costumbre el menfotismo alicantino en cualquier aspecto que se nos presenta, y en la Fiesta del Fuego no iba a ser menos. Pero estéticamente hablando, en el arte efímero no hizo falta demasiados esfuerzos, porque tal diferenciación vino de forma natural. La Fiesta alicantina estaba fundamentalmente en manos de pintores y cartelistas, mientras la valenciana lo estaba básicamente en las de escultores, por lo que no era extraño que prevalecieran las superficies planas ampliamente decoradas con pinturas, frente a los grandes volúmenes y los buenos acabados.

Foguera Benito Pérez Galdós 1931. Gastón Castelló. «Estilo Alicantino».
Una muestra de la presencia del «Art Déco» en fogueres de los años 30.

La irrupción del arte gastoniano en los años 30, especialmente los de la II República Española, que tanto ha sido calificado con la tan traída y llevada etiqueta de «Estilo Alicantino», hay que analizarlo desde dos puntos de vista muy diferentes. Una cosa es que la poderosa atracción que ejercía el arte de Gastón Castelló en estos primeros compases de Les Fogueres, sentara cátedra y tendencia artística entre los artistas coetáneos, y otra que esa estética fuera un estilo propio de nuestra fiesta. El «Art Déco» no era patrimonio exclusivo de Gastón, era la directriz artística predominante, y, como tal, también tenía sus manifestaciones en los monumentos falleros de la época, no solo en los foguerers.

Joaquín Santo. Objetivo, minucioso... amigo

Artículo publicado en el llibret 2025 de la Foguera Avenida de Lóring-Estación

Pensar en Joaquín Santo Matas y en escribir sobre él se convierte en una curiosa paradoja. No me resulta fácil hacerlo acerca de mi relación con él porque no fue ni tan extensa ni tan intensa, pero a la vez, podría decir tantas y tantas cosas puesto que, a pesar de ello, marcó profundamente mi vida. Así que voy a aprovechar la oportunidad de hacerlo y lo voy a intentar transmitir en estas páginas dedicadas a él, se lo debo.

No recuerdo exactamente cuándo y dónde tuve la fortuna de saludarle por primera vez, pero enseguida me di cuenta de que era una de esas escasas personas de las que la sensación que percibes es de conocerla desde siempre. Había pasado ya su etapa de diputado en las Cortes Valencianas, y muy probablemente sería en el Archivo Municipal de Alicante, AMA, al que si no recuerdo mal estaba vinculado de algún modo, y yo aprovechaba cualquier hueco para investigar en lo que todavía ni yo mismo sabía que iba a ser mi primer libro, así que coincidía bastante con él.

Dado que en esa misma época, los primeros años dos mil, yo vivía inmerso en mi primera etapa en la Delegación de Cultura de la entonces Comissió Gestora de les Fogueres de Sant Joan, hoy Federació, tuve oportunidad de ofrecerle participar de jurado en el Certamen de Llibrets y en la Exposición del Ninot. Se percibían ya algunas de las muchas virtudes que acompañaban a Joaquín, su disponibilidad incondicional, su empatía, su objetividad y minuciosidad, las ganas de establecer lazos de amistad, ganas que me contagió, sintiéndome muy cómodo con él desde el primer día que le traté, tal como adelantaba antes, como si le conociera de mucho tiempo atrás. Más adelante, su participación en certámenes dirigidos por mí desde la Comissió Gestora se hizo bastante habitual, siempre sin pegas, accediendo a la primera y siendo uno más, aunque no podía evitar ser referencia a la hora de dar sus observaciones y opiniones, pues su solidez de criterio era sobradamente conocida.

El año 2003 ambos iniciábamos nueva etapa, yo en la Asesoría de Cultura de la Comissió Gestora, lo que me liberaba un poco para intensificar mi investigación, y Joaquín al frente del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert. Cada vez que coincidía con él en el Archivo Municipal, en alguna de mis visitas al Instituto en las que aprovechaba para saludarle, pues siempre que estaba me recibía con agrado, o en alguno de sus actos culturales multitudinarios, pues su tirón era verdaderamente asombroso, siempre me preguntaba cómo iban mis investigaciones y me empezó a inculcar la posibilidad de darle forma de libro, cuando inicialmente solo iban a ser tres entregas de llibret para una de las comisiones de foguera más punteras en la época. Recuerdo en concreto una conferencia que dio en el Casino de Alicante, que tuve que escucharla de pie ya que estaba abarrotado el salón, algo habitual en las intervenciones culturales de Joaquín, algo que siempre me ha causado una mezcla de admiración y sana envidia.

Al final, cuajó la idea de darle forma de libro y, como no podía ser de otro modo, le ofrecí que me lo prologara, algo a lo que no solamente accedió, sino que para mi asombro me dio las gracias efusivamente. Una personalidad de la cultura alicantina dando las gracias a una persona que no había publicado más que artículos y organizado certámenes, sin más trascendencia que el ámbito festero y poco más.

Llegado 2009, yo ya estaba desvinculado de la Comissió Gestora, aunque obviamente me mantenía dentro del mundo de la Cultura, tanto en lo que concernía a Fogueres como también a mi otro tema, Nueva Tabarca, donde están mis raíces, algo que, por cierto, en cuanto Joaquín me conoció y supo mi apellido dio por hecho, no sin razón, interesándose también por mis actividades relacionadas con nuestro barrio insular. Pero ese año 2009 llegó también para Joaquín una dolorosa e injustificada destitución en su magnífica labor al frente de la entidad cultural de la Diputación Provincial que dirigía. Intereses personales, más que políticos, sin criterio ninguno y solo buscando trato de favor, que ya la prensa de entonces recogió no sin la contundencia que debiera, interrumpieron una labor impoluta que estaba enriqueciendo la cultura alicantina año a año. Siempre recordaré la conversación que mantuvimos, de nuevo en el Archivo Municipal, en la que empaticé con Joaquín y su indignación como nunca me había ocurrido con nadie, y sé que lo apreció y valoró. Joaquín a veces era tan transparente que hablaba hasta más de lo prudente, sin malicia pero con la objetividad que le caracterizaba, aunque en ese caso le afectara personal y profesionalmente a él. Y tuvo un detalle que no olvidaré, pues me dijo que eso no cambiaba su compromiso conmigo y con mi libro, teniendo incluso la iniciativa de, conjuntamente con la comisión de la foguera destinataria de esa trilogía origen del libro, cuya primera entrega también prologó, ayudar a buscar patrocinio para su publicación.


La primera foguera del maestro Ramón Marco

(Este artículo, ampliado, fue publicado en el llibret 2025 de la Foguera Mercado Central)

Si a un alicantino, más aún si foguerer, se le pidiera que citara tres artistas de Fogueres, con toda probabilidad nombraría a Gastón Castelló, a Ramón Marco y a Pedro Soriano. Y si a continuación se le preguntara quién ha sido el más laureado, sin duda que acertaría al señalar al gran Ramón Marco.

Una biografía breve y concisa de Ramón Marco Marco hablaría de un maestro de maestros, el Mestre, como les gustaba llamarle a sus compañeros de profesión, que dedicó toda su vida al arte de Fogueres, desde su infancia, como luego veremos, hasta su fallecimiento, a los 87 años, en abril de 2006.

Ramón Marco (llibret Foguera Calderón de la Barca 1941)

Aunque empezó de la mano de varios artistas valencianos, de los que heredó su arte escultórico y su barroquismo, él siempre afirmó que su maestro fue otro grande, Gastón Castelló Bravo. Y, curiosamente, entre bambalinas de su propio taller, por azares del destino, daría sus primeros pasos como artista el tercero de los genios del arte foguerer, que a la pregunta que inicia este artículo respondería el foguerer alicantino: Pedro Soriano Moll.

Ramón Marco en su taller (llibret años 40)

Dicen algunos autores que, de no haber dedicado su existencia a Les Fogueres, podría haber triunfado en el mundo de la escultura, pero, animado por Tomás Valcárcel Deza, construye su primer monumento en 1941 para la Foguera Calderón de la Barca, y a partir de ahí sólo cabe hablar de premios y reconocimientos:

Filatelia tabarquina [actualización]

El día 4 de mayo de 2022 se emitió un sello de correo perteneciente a la serie Naturaleza con el motivo "Conjunto patrimonial Nueva Tabarca". El Excmo. Ayuntamiento de Alicante colaboró con el ente postal facilitando la imagen del fotógrafo José Benito Ruiz y el texto que tenía que aparecer en la publicación anual.

El sello que Correos dedica a este importante enclave insular recoge una bella imagen aérea de todo su conjunto patrimonial, tanto del núcleo histórico habitado y fortificado, su entorno marino, así como como del Campo, que muestra la bella floración del otoño tabarquino. Este es el texto íntegro facilitado por el consistorio alicantino:

Nueva Tabarca es un diminuto archipiélago situado frente al Cabo de Santa Pola, y a unas diez millas náuticas de la bahía de Alicante, ciudad a la que pertenece administrativamente desde 1770.

La isla principal, conocida como Isla Plana, es la de mayor superficie con cerca de 30 hectáreas de terreno. Junto a esta, que es el que alberga la población histórica, se sitúan otra serie de islotes como es el caso de La Cantera, al Oeste, La Galera, al Sur, y La Nao al Este, y una serie de escollos, la mayoría frente al perfil sur de la isla principal.

"Isla Plana" ha sido el nombre más utilizado a lo largo de la historia, hasta que "Nueva Tabarca" se convirtió en el último tercio del siglo XVIII en su nombre oficial. En aquellas fechas arribaron a la isla para su colonización definitiva un contingente humano de origen genovés, antiguos cautivos en Argel, que fueron rescatados por la corona española de Carlos III, y que habitaron años atrás la pequeña isla tunecina de Tabarka, y de ahí el nombre otorgado a la ínsula alicantina en recuerdo de aquella.

Se llevó a cabo un ambicioso proyecto de construcción de una ciudadela amurallada de espíritu ilustrado reformista, aunque una serie de condicionantes marcaron inexorablemente el devenir inmediato de su población, principalmente la falta de agua dulce y sus especiales características físicas y geográficas.

A pesar de todas estas dificultades, en la actualidad Nueva Tabarca es un paradigma patrimonial, y de ahí su declaración de Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico en 1964, así como Reserva Marina de interés pesquero desde 1986, siendo la primera en declararse en España.


Características técnicas:
  • Procedimiento de impresión: offset.
  • Soporte: estucado, engomado, fosforescente.
  • Formato del sello: 74,6 x 28,8 mm (horizontal).
  • Dentado del sello: 12 3/4 (horizontal) y 13 1/4 (vertical).
  • Efectos en pliego: 15 sellos.
  • Valor postal del sello: 2,70 €.
  • Tirada: 135.000 sellos.
También se emitió el correspondiente matasellos conmemorativo, presente obviamente en el sobre de primer día de emisión y puesta en circulación, así como en la tarjeta máxima, que incluye la Puerta de San Gabriel, también conocida como de La Trancada, y la leyenda: "Naturaleza. Conjunto Patrimonial de Nueva Tabarca".



Pero no ha sido esta la única aparición en la filatelia española de Nueva Tabarca. Cronológicamente su primera aparición fue en forma de matasellos, sobre y tarjeta conmemorativos de la Exposición Filatélica Internacional "Aviación y Espacio '93", celebrada en Alicante del 12 al 20 de noviembre de 1993. La tarjeta rememoraba los "Grandes Festejos de Aviación en el Aeródromo de Alicante por el afamado aviador Sr. Garnier en los días 13 y 14 de marzo de 1912". Los matasellos, que fueron dos, tenían por motivo el transporte de correo en globo entre Alicante y Tabarca.



 

El 25 de junio de 2005 tendría lugar, igualmente en Alicante, la Exposición Filatélica Nacional, a la que corresponde este sobre y matasellos conmemorativos. Hacían referencia al correo marítimo Alicante-Tabarca.


El primer sello que se emitió sobre la isla tuvo por título "Faro de la Isla de Tabarca", constando como autor de la fotografía A. J. Molines, entrando en circulación el 10 de julio de 2012. Contiene la leyenda: "Serie Faros n.º 5, Isla de Tabarca o Nueva Tabarca o Plana (Alicante)".


Por último, y apenas dos años antes del sello que encabeza este artículo, se emite otro con el título "Isla de Tabarca", con fotografía de la Sociedad Filatélica Alicantina y entrada en circulación el 23 de julio de 2020, que vino acompañado de un sobre conmemorativo de la presentación del matasellos turístico "Isla Tabarca Reserva Marina Alicante 2020", con una fotografía de la Puerta de San Gabriel, fechada en 1958, perteneciente a la Colección Eugenio Bañón del Archivo Municipal de Alicante.