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Juegos de antaño en Les Fogueres de antaño

Artículo publicado en el Llibret de la Barraca «Quina fumaguera» 2016

De todos es conocido que los monumentos foguerers, desde sus propios inicios, al igual que lo fueran sus predecesores falleros valencianos, mención aparte de su vertiente artística significaban un espejo donde mirarse la sociedad alicantina y sus propios protagonistas, los alicantinos, de toda condición, edad y género.

En este espejo que reflejaba en las escenas de cada foguera el devenir de Alicante y sus habitantes, también podían contemplarse circunstancias del pasado e incluso la proyección del futuro. De este modo, y gracias a la documentación gráfica, fotográfica y escrita que nos ha llegado, y que permanece custodiada en su gran parte en la colección de expedientes originales de Les Fogueres de Sant Joan del Archivo Municipal de Alicante (A.M.A.), podemos conocer aspectos de la vida cotidiana de la época, como puede ser un claro ejemplo los juegos tradicionales y populares que niños y no tan niños disfrutaban en aquella época carente de televisiones, móviles y tabletas.

Desde ese prisma, veamos cómo en los primeros años de andadura de Les Fogueres no faltaron monumentos que dedicaran escenas, o incluso la totalidad de sus temáticas, a plasmar esos juegos tradicionales, desde la crítica, la sátira o la sutil ironía que caracterizaba esas incipientes muestras de arte efímero, especialmente cuando esos juegos se constituían en chiquilladas o pequeñas gamberradas. Y nos centraremos en, probablemente, las tres más significativas de aquellos años previos a la contienda nacional, donde cierta inocencia, no poco controlada por una censura que nada tenía que ver con la que vendría después, permitía disfrutar de cómo era esa vertiente lúdica de la sociedad alicantina, especialmente de los más pequeños, cuando las mal llamadas «fogueres infantils» eran frecuentemente de todo menos infantiles, para intentar eludir burdamente esa censura. De hecho, los tres monumentos foguerers seleccionados son adultos.


Foguera Barrio Obrero Católico 1930, de Cabrera Hermanos
Boceto: Número extraordinario de Fogueres de la Revista El Tio Cuc.
Foto: Archivo Municipal de Alicante (AMA).

El primero nos lo encontramos en 1930, en la Foguera Barrio Obrero Católico, hoy sin el segundo adjetivo, que fue obra de Cabrera Hermanos. Su lema era Festes de barrio, y se plantó en la calle María Auxiliadora. Su expediente contiene, aparte de la solicitud de plantà y un boceto en lápiz, una nota explicativa que describe este sencillo monumento:
«...una cucaña, en la cual los muchachos deseosos de comerse el pollo que está situado en lo alto del palo, hacen verdaderas proezas para llegar al sitio deseado, causando las delicias de los extranjeros que medio atontolinados observan que una cosa que al parecer es sencilla, resulta sumamente difícil por la gran cantidad de jabón colocado en dicho palo. Si grande es la admiración que les produce la cucaña, todavía es mayor el asombro que les ocasiona el dulzainero con sus notas regionales, hasta el punto que están dispuestos a llevárselos a la rubia Albión, donde esperan obtener grandes beneficios con estos atractivos».

Foguera Plaza de Hernán Cortés 1931, de José Amat Martínez.
Boceto: Archivo Municipal de Alicante (AMA).
Foto: Fogueres. Ayer y hoy de la Fiesta (2002).

El segundo ejemplo, el más crítico y gamberro, llegaría el siguiente año de 1931, en la entonces conocida como Foguera Plaza de Hernán Cortés, que tuvo como artista a José Amat Martínez. En este distrito plantó el monumento titulado en expediente y boceto En plena llibertat, en la confluencia de las calles Las Navas y Aranjuez, esta última denominada hoy Felipe Bergé.

Ya en la propia solicitud de plantà, se apunta que se trata de una «crítica del estado actual en que se halla dicha plaza», haciendo obviamente referencia a la hoy plaza Nueva, y se acompaña de un boceto a tinta. Su motivo central era la cuestionada «fonteta» de la plaza, rodeada fundamentalmente de niños, uno de los cuales intenta encaramarse en lo alto con una bandera de la República, bordeando la escena unos raquíticos árboles. Ferrándiz Torremocha escribía esta explicación, literal conforme al valenciano al uso de la época, en Les Fogueres de Enguañ de 1931:
«Paseu per allí y una baloná vos pega en el front; un mañaco, dalt de la font, chuan a regaors, convertix al transeunt en verdadera sopa... Trons i trons –d'eixos ben grosos i bons, con se diu en el pasodoble Les Fogueres– vos ansenen en caneleta... Atre chiquet, puchat en un abret no para de fer chirimbeles, hasta que el sent cruxir. La chica que va per aigua, de presa i corrent, perque s'ha queat sense gota pa'l puchero, te que aguardar a que el chiquet acabe de chuar en el grifo. I a tot aixó el guarda de la porra, chitat damunt del tronc del abre, llichint el diari...».

Foguera Plaza de Juan Poveda y 1º de Mayo 1934, de Esteve Hermanos.
Boceto: Archivo Municipal de Alicante (AMA).
Foto: Revista Festa 2003

Por último, de formas rectilíneas y sencillas, la Foguera Plaza de Juan Poveda y 1º de Mayo 1934 fue obra de Esteve Hermanos. Hoy no existe este distrito, cuya denominación actualizada bien podría haber sido «Plaça Sant Cristófol-Primo de Rivera», plantando frente al número 8 de esta última. De Categoría B, eran sus medidas 16 metros cuadrados de base triangular y 9 metros de altura, y su lema Este no es aquell poble vell, que es atre Alacant. Obtendría el Premio de la Diputación Provincial, dotado con 300 pesetas.

Constituye el ejemplo más claro de los tres, en cuanto a la temática referida. Junto a la solicitud de plantà, aparte del consabido boceto, también en tinta, el expediente sí contiene una memoria explicativa con el siguiente detalle:
«Aparecen en primer término, sobre la primera planta que se eleva unos dos metros aproximadamente, figuras representando los típicos juegos carreres de sacs, el llibrell de admanguena, la paella, la canterella, la cucaña, así como el charamiter y tamborer y vallaors de la dansa, que es lo que constituía el programa de las ya casi desaparecidas "festes de carrer". Al fondo, se verán en cada una de sus tres caras, tres perspectivas de las antiguas calles de Alicante, donde más se conservaron estos clásicos festejos.
Como remate, se ve la figura del Dios Vulcano, en su ya histórica fragua, el que suspende el trabajo que está forjando sobre el yunque, para admirar con asombro la aparición de una mujer radiante de hermosura, y envuelta entre las llamas, que brota del rojo fuego de la expresada fragua. Esta bella mujer, representa la fiesta del fuego, fiesta ésta, que se ha hecho en nuestro pueblo por su belleza, etc., etc. tan necesaria y sentida, que dejó en olvido las ya típicas festes de carrer que tanto en su época constituía el regocijo de Alicante».
Curiosa conclusión, esta última, que deja una reflexión en el aire: ¿tuvo que ver la aparición de Les Fogueres de Sant Joan, con la paulatina desaparición de esas «festes de carrer»?


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