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27 de abril de 2015

Pasado y presente de Nueva Tabarca:
algunos visitantes contemporáneos

Artículo de EMILIO SOLER PASCUAL 
Universidad de Alicante 

Publicado en «Nueva Tabarca, un desafío multidisciplinar» (2014)
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert 
(Fotografías e ilustraciones escogidas y añadidas por «La Foguera de Tabarca»)



A finales de la centuria ilustrada, los sueños tan utópicos como interesados del ingeniero militar Fernando Méndez con respecto a la isla de Tabarca se desmoronaron por completo. La monarquía española había firmado un tratado con Argel por el que se aseguraba la protección de sus costas de ataques imprevistos y el gobierno español dio un giro importante al proyecto tabarquino que, de la mano de Méndez, había pasado de formularse originariamente como una barrera defensiva orientada a mar abierto a convertirse, según sus deseos, en un importante dispositivo militar. Si a partir del siglo XVI la costa levantina se había poblado de torres y atalayas, «construidas a manera de puestos de vigía contra los piratas africanos», tal y como señalaba en el siglo XIX el viajero inglés Richard Ford, el proyecto defensivo de Nueva Tabarca se hubiera convertido, de seguir adelante los proyectos de la monarquía de Carlos III, en la perla de esa corona semicircular defensiva que bordeaba el litoral alicantino.

Méndez había pensado en convertir la isla «en un fuerte avanzado en la mar» capaz de defender la ciudad de Alicante de los ataques de los corsarios berberiscos, pero el proyecto urbanizador, y no tan solo el militar, debería reconducirse hacia otro de características distintas más acorde con el giro político del gobierno español. Unas discrepancias manifestadas una y otra vez por el gobernador de Alicante, Conde de Baillencourt a sus superiores en Madrid criticando el excesivo desarrollo castrense que Méndez pensaba otorgar a Nueva Tabarca.


Y todo esto independientemente que el proyecto del ingeniero Méndez hubiera obtenido en su momento el plácet, a pesar de las severas advertencias que en su día recibió, entre ellas del científico y marino alicantino Jorge Juan y Santacilia quien, ya en 1770, no solamente criticó su programa militar por desmesurado, sino que llegó a calificar a Fernando Méndez de persona que carecía de la formación necesaria para entender que una ciudad debía ceñirse a las necesidades de la población y no al contrario, señalando importantes carencias para los habitantes como era, y no la menor, la falta en la isla de agua potable y de leña. El problema que se presentaba a la población tabarquina, ante la falta del líquido elemento, hizo que las autoridades mandaran excavar un pozo muy profundo cerca de la puerta de San Miguel. Los sondeos esperaban encontrar agua dulce que solventara el problema de abastecimiento, tan imprescindible para la población, pero pronto se abandonaron las prospecciones ya que el agua del mar se filtraba en las conducciones y el líquido resultante era completamente salobre. Méndez, ante ese problema, proyectó la construcción de una serie de aljibes, tanto en el casco urbano como fuera de él, para recoger la lluvia, escasa e irregular, cuando cayera sobre las terrazas de las viviendas y trasladarlas a esos depósitos. El número inicial fue de siete cisternas con la posibilidad de ir ampliándolas conforme fuera aumentando la población. Cada una de ellas tenía capacidad para albergar unos 50 ó 60.000 cántaros. La realidad mostraría que los aljibes debían ser llenados periódicamente con agua transportada desde tierra firme, con el gasto y el esfuerzo que semejante tarea ocasionaba.

5 de marzo de 2015

El legado de lo efímero:
José Gutiérrez Carbonell

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José Gutiérrez Carbonell (Alicante, 1924 - 2002)
7 años en activo
11 fogueres plantadas
5 primeros premios
1 galardón en la máxima categoría
2 ninots indultats

Hijo de artesano marmolista y con una temprana vocación escultórica inculcada por su padre, fue destacado discípulo de Daniel Bañuls.

Tras la Guerra Civil, en un concurso-oposición convocado por la Excma. Diputación Provincial, obtuvo una bolsa de estudio que aprovechó para acceder a la Escuela Superior de Escultura, Pintura y Grabado de San Carlos, de Valencia. Pero, con anterioridad, ya se había iniciado en el entorno de les Fogueres, primero con un monumento infantil en 1941, en la calle Alférez Díaz Sanchís y, posteriormente, entrando como aprendiz en el taller de Gastón Castelló en 1944, realizando algunas portadas de barraca. Colaboraría intensamente con Jaime Giner Palacios en la construcción de fogueres, realizando cinco monumentos entre 1946 y 1948, de fuerte contenido crítico, que les llevaría en más de una ocasión a lidiar con la censura, pese a lo cual fueron premiados con importantes galardones.

Una vez en Valencia, alternó sus estudios con la colaboración con artistas falleros, especialmente con José Soriano, Modesto González y Vicente Tortosa. Una vez terminados, regresa a Alicante, donde rápidamente aportó sus facultades artísticas en pro de la Fiesta del Fuego, de forma efímera pero contundente pues, tras haber trabajado en 1952 con José Perezgil en Categoría Especial, creando el primero de sus ninots indultats, El colilla (Séneca-Autobuses), y dando forma a la primera foguera en que se utilizó para los bastidores contrachapados en vez de lienzos, dos años después realiza para el mismo distrito el monumento El juego, Premio de Categoría Especial 1954, una de las creaciones más importantes de la década de los cincuenta, con reminiscencias gastonianas, combinación de arquitectura tradicional, figuras clásicas y bajos muy cuidados.

En 1955 son premiadas las tres fogueres que planta, entre las que destaca El món a pataes (Plaza Ruperto Chapí), una apuesta arquitectónica muy avanzada. Este mismo año consigue su segundo ninot indultat, Caruso (San Fernando-Lonja), y construye la portada de la Barraca Peña «Los Gorilas». Dejó en sus obras constancia de su versatilidad escultórica y su respeto a la arquitectura de su época, así como un mordaz sentido de la sátira, plasmado una y otra vez en multitud de viñetas, muy en la línea de sus maestros valencianos.

Posteriormente, se dedicó casi en exclusiva a la escultura y la pintura, destacando entre sus obras: la Sagrada Familia de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, un relieve en la Caja Infantil de Ahorros del Sureste de España, y un grupo escultórico en los desaparecidos jardines de la Biblioteca Gabriel Miró de dicha entidad financiera. En la I Exposición de Escultura Mediterránea, celebrada en 1957, obtuvo la Medalla de Plata.

En 1957 le hace los bocetos de Sueños de circo (San Antón Bajo) a Francisco Granja Velázquez, y en 1960 los de Teatro de la vida (Puente-Villavieja) a Francisco Almiñana Pérez y, como artista foguerer, retornó fugazmente en 1962, de nuevo en colaboración con Jaime Giner, con Mitología al día (Benalúa), que exploraba nuevos rasgos estéticos que no tendrían repercusión posterior. Más tarde, participó activamente como Jurado de Fogueres, así como enseñando a jóvenes valores, de la talla de Javier Gómez Morollón o Jesús Grao Garrido. Por último, en su otra vertiente artística, José Gutiérrez es autor del Monumento al Foguerer, instalado en la plaza de España e inaugurado el 21 de junio de 1982.

26 de enero de 2015

El legado de lo efímero:
Francisco Muñoz Gosálbez

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Francisco Muñoz Gosálbez (Alicante, 1896 - 1958)
7 años en activo
21 fogueres plantadas
1 monumento en el Ayuntamiento
1 primer premio

Artista precoz, a los doce años ya acudía a las clases de la academia del pintor alcoyano Lorenzo Pericás Ferrer. A los veinte inauguraba una propia, por donde pasarían, recibiendo sus primeras lecciones, firmas de la talla de Gastón Castelló Bravo, José Barahona Marco, José Pérez Gil «Pérezgil» y otros. Realizó diversas exposiciones personales, tanto en el Círculo de Bellas Artes como en el Ateneo de Alicante, pero no concurriría a certamen alguno. Fue padre del conocido arquitecto alicantino Francisco Muñoz Lloréns.

Fueron sus inicios foguerers de la mano de Juan Esteve García, con quien firmó sus primeros monumentos. Industrializó su arte, al que dedicó su vida, teniendo taller propio con varios ayudantes, siendo autor de una de las pocas fogueres publicitarias que se han plantado (Chevrolet, 1930). Del citado taller, salió igualmente la única foguera de 1939, La fuga, que sería realizada en el tiempo récord de quince días, contribuyendo con ello, de forma muy importante, a la reanudación de Les Fogueres tras la contienda nacional.

Su obra se desarrolló, casi exclusivamente, durante la II República Española, siendo merecedor de buen número de galardones, destacando el Primer Premio de Categoría B obtenido con Deu mos lliure de les males compañíes (San Antón Alto 1933). También fue, esporádica y tardíamente, constructor de portadas de barraca como «3 díes de alegría y bon humor», en 1948 y 1950. Eran sus fogueres de sencilla factura, escasamente ornamentadas, pero con unos ninots cargados de expresividad:

12 de enero de 2015

El legado de lo efímero:
Melchor Aracil Gallego

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Melchor Aracil Gallego (Alicante, 1906 - 1966)
5 años en activo
5 fogueres plantadas
1 primer premio


Tras los estudios primarios, llevó a cabo la carrera de Comercio, obteniendo el título de Perito Mercantil en 1923. Pero, al cabo de siete años, se despertó su afición al dibujo, y su vocación hacia la pintura se hizo cada vez más sentida, marchando a Madrid para visitar museos e impregnarse de los grandes maestros de la pintura española, practicando a renglón seguido el dibujo y la pintura de una forma autodidacta, ya que jamás tuvo profesor ni academia alguna. Sin embargo, sus obras se cuentan por centenares, ya que sería proveedor de las casas comerciales del ramo en Alicante.

De regreso a su ciudad natal, se hace socio del Ateneo, y fueron estos los momentos en los que el pintor se fue afianzando en su creación, obteniendo un gratificante Primer Premio en la Exposición de Artistas Noveles, organizada por dicha entidad, por un retrato que le realizó a su hermano. Tuvo su primer estudio en la concurrida calle Labradores, donde se realizaban tertulias entre varios artistas, presentes y futuros, manteniendo una estrecha amistad con Manuel Albert, con quien realizó tapices con piezas de tela. En 1944 consigue la Tercera Medalla en el concurso convocado por la Excma. Diputación Provincial de Alicante. Realizó importantes exposiciones propias, entre las que destacan: en 1944, en el Ayuntamiento de Alicante; en 1957, en la Peña Madridista de Elche; y 1958, en la Caja de Ahorros del Sureste de España. Participó igualmente en varias colectivas.

2 de enero de 2015

Pesca... y otras capturas tabarquinas

Ni todo lo que se pesca son peces, ni todo lo que se pesca llega a puerto, ni todo lo que se pesca se puede vender, sirve o acaba siendo comido... es más, te puede comer a ti o, como mínimo, dar un buen susto. Y con la sólida tradición marinera de Nueva Tabarca, no iba a estar su historia exenta de un nutrido número de ejemplos que así lo atestiguan, e incluso introducen, más allá de la pura anécdota, en el terreno de la leyenda. No hay más que seguir de la mano del camino de la prensa histórica, para conocer de cerca y con detalle tanto la pesca como la «no pesca», resultado de la especial idiosincrasia de este pedazo único de tierra alicantina, isla de aventureros, de mercaderes, de pescadores de almadraba, de mitos y prodigios.