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6 de julio de 2014

Encuentros tabarquinos

El pasado mes de marzo de 2014, publicaba en este blog el artículo El concepto de «tabarquinidad», a raíz de la publicación en la prensa alicantina de la noticia del inicio de las gestiones encaminadas a conseguir de la UNESCO la declaración de la «tabarquinidad» como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Para ilustrar tanto la noticia como el vocablo, reproduje a continuación el artículo de 2010 del Instituto Universitario de Restauración de Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, titulado Fundaciones Tabarkinas: Tabarka, Carloforte y Nueva Tabarca.

Pero, lo cierto, es que la historia de la redescubierta y nuevamente tratada «tabarquinidad» data de décadas atrás. Sin ir demasiado lejos, en mayo de 2008 se llevó a cabo en la tunecina Tabarka el coloquio internacional «De Tabarka à Tabarka, quatre étapes méditerranéennes», cuyas Actas constituyeron la obra publicada en 2011 con el título De Tabarka (Tunisie) aux "nouvelles" Tabarka: Carloforte, Calasetta, Nueva Tabarca. Histoire, Environnement, Préservation, bajo la dirección de Philippe Gourdin y Monique Longerstay, con la participación de autorizadas firmas tunecinas, italianas, españolas y francesas, que le dieron una visión mucho más completa y cosmopolita al citado concepto de la «tabarquinidad». Una obra digna de ser consultada por toda aquella persona interesada en conocer la verdad histórica del periplo tabarquino, cuya riqueza le hace acreedora a la pretendida declaración de la UNESCO.


Pues bien, recientemente, en mi hemeroteca he dado con un artículo escrito en febrero de 1997 por José María Perea, en las páginas del Diario Información, en el que recrea la celebración, en 1988, del 250 Aniversario de la fundación de Carloforte. Esta efemérides dio lugar a otro de esos encuentros de las que el periodista bautiza como las «tres Tabarcas», en el que intervinieron profesores de las universidades de Cagliari, Génova, Roma y Túnez. Recordando el artículo a su vez que, desde junio de 1975, la homenajeada ciudad sarda y nuestro ciudad de Alicante, quedaban hermanadas. Por cierto que el artículo venía a cuento por el anuncio del Patronato de Turismo de la idea de realizar un nuevo encuentro histórico y cultural de esas «tres Tabarcas» del Mediterráneo.

Es decir, el histórico asunto de la «tabarquinidad» no es cosa de hace unos meses, es fruto de un pasado común que, fundamentalmente, en los últimos cuarenta años, va acercando las costas de estos territorios insulares multinacionales y, a buen seguro, gracias al intenso e inmenso trabajo que se está realizando desde todos y cada uno de los países implicados, magníficamente coordinados por Monique Longerstay, dará sus frutos en un futuro próximo, convirtiendo este singular periplo histórico en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

28 de junio de 2014

La Foguera de la «Plasa del Achuntament» (2.ª parte)


1933. El mon de les imperfecsións

La siempre popularmente conocida como Foguera de la «Plasa del Achuntament» había alcanzado la principal meta que su comisión se había marcado: estar en la élite. El siguiente paso era mantenerse en ella y conseguir sentar unas bases firmes para optar al premio máximo. Con esa filosofía, el presidente José Romeu hizo un único retoque en su junta directiva, incorporando, según consta en el Registro de Socios que se conserva en el AMA, a Ezequiel Climent como vicesecretario, pues el trabajo burocrático y organizativo crecía y el secretario Juan Cours no podía abarcarlo todo.

Llibret de la Foguera Plaza de la República 1933 (AMA)

Por otra parte, creada en este ejercicio la figura del «Foguerer Machor», la comisión tuvo el honor de contar como su primer cargo así denominado a Luis Pérez Bueno, abogado y escritor y conferenciante sobre temas artísticos, que fuera alcalde de Alicante en 1909, y una de cuyas principales aportaciones fue la coordinación de una exposición de pinturas en el Ateneo de nuestra ciudad, cuyos beneficios fueron a repercutir directamente en la Foguera. También era elegida la primera bellesa del distrito, figura creada en el ejercicio pasado sin que las candidatas estuvieran ese primer año adscritas a comisión alguna, cargo que recayó en la señorita Isabel Martínez.

Bellesa 1933 de la Foguera Plaza de la República.
Srta. Isabel Martínez (AMA. Llibret 1933)

La principal novedad en este ejercicio foguerer de 1933 la encontramos en la aparición de la primera barraca del distrito, igualmente presidida por Romeu Zarandieta, bautizada Peña «Alicántara», de estética morisca, como no podía ser de otra manera, cuyo piso superior serviría a la Foguera como templete para la música. Esta denominación aparecería en prensa y otras pubicaciones con multitud de variantes, «Ali-Cántara», «Ali-Kantara», «Aly-Kantara», «Alikántara»... pero la que aparece oficialmente en su expediente es «Alicántara», y así nos referiremos a ella. Luego la conoceremos con más detalle.

La Foguera de la «Plasa del Achuntament» (1.ª parte)

Artículo publicado en la Revista Oficial Festa de Fogueres 2014

De todos es conocido el hecho de que, en cualquier municipio, las actividades realizadas en la plaza o calle en que esté ubicado su ayuntamiento, se revisten de cierta oficialidad y conllevan cierta repercusión que no tendrían en cualquier otra arteria o plaza de la población, por muy céntrica e importante que fuera. Esto es especialmente relevante en el entorno de las manifestaciones festeras, y el caso de Les Fogueres de Sant Joan no iba a ser una excepción. Así, desde el mismo nacimiento de la fiesta del fuego alicantina, los monumentos plantados frente a la puerta principal del consistorio, pese a constituirse desde el año fundacional de 1928 en una comisión como otra cualquiera de la ciudad, iban a disfrazarse de esa oficialidad, aunque la condición real de Foguera Oficial de la Ciudad no llegara hasta muchos años después, no desapareciendo como tal comisión hasta poco después de instaurada la democracia en nuestro país. Precisamente por esa razón, se examinaba con especial interés el mensaje, más o menos explícito, que pudiera tener la foguera como espejo de la sociedad alicantina, tanto en contenido político, económico, social, artístico o folklórico, y, si a ello añadimos el carácter eminentemente crítico del monumento, tenemos los perfectos ingredientes para la polémica, el morbo, el debate y, cómo no, la siempre acechante censura. Esto fue ya evidente durante el revuelto período de 1928 a 1936 en el que nos vamos a centrar.

La antigua plaza del Mar, de Alfonso XII durante los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, y que volvería a cambiar de denominación con la llegada de la II República, tomando el nombre de esta, tradicionalmente era conocida por los alicantinos como «Plasa del Achuntament», y de este modo ha quedado reflejado en la abundante documentación que estos dos periodos de la Fiesta generaron. Esta denominación quedaría en desuso, por razones obvias, tras el triste episodio de la contienda nacional, cuando se rotulara como plaza del 18 de Julio, y con ello igualmente la Foguera que, con la llegada de la democracia, cambió de nuevo a plaza del Ayuntamiento o plaça de l'Ajuntament, para denominarse por fin, en 1985, Foguera Oficial, tal como la conocemos, una vez desaparecida como comisión, cuyo distrito quedó adscrito territorialmente, en su mayor parte a la Foguera Monjas-Santa Faz, y una porción, más recientemente, a la Foguera Plaza de Santa María.

Para desarrollar la historia y peculiaridades de este distrito foguerer durante el citado período de 1928 a 1936, las denominaciones de comisiones, lemas de monumentos, explicaciones de los mismos, citas textuales, etc. han sido transcritos literalmente, tolerando el uso que del valenciano se hacía en la época, con sus modismos e incorrecciones, para respetar al máximo su singularidad y su sonido peculiar, pues no en vano se trataba básicamente del traslado a lo escrito del sonido del lenguaje hablado.


1928. De Jauja a Jijona, o El tranvía de Jauja

En su fundación, la Foguera Plaza de Alfonso XII integró representantes del comercio, la industria y el vecindario en general de las calles Altamira, Mayor, Jorge Juan, Gravina, Cervantes, plaza de Alfonso XII y adyacentes, si bien no existe una relación oficial de las que constituían el distrito foguerer. Del mismo modo, tampoco se conoce exactamente la nómina de comisionados que la integraban, aunque podemos hacer una aproximación basándonos en la solicitud de plantà, fechada 28 de abril de 1928, que recoge treinta y cinco firmas, veintiséis de ellas cuñadas mediante sendos sellos. Entre los firmantes son legibles las rúbricas de José Riera, Sebastián Cid, Vicente López Ruiz, Gabriel Montesinos, Víctor Uriarte, Antonio Amérigo, Antonio Andreu, Pascual Ors Pérez, que ostentaría la primera presidencia, Luigi Corno, Leopoldo Asensio, Julián Infante Gómez, Pascual Benavent, José Mataix, Francisco Iváñez, Julio Parreño, José Abad Ramos, Juana de Acevedo, Pablo Rodríguez, Lorenzo Gilabert, José Corral y Vicente Bernácer; y en algunos de los sellos son legibles comercios como Almacenes El Águila, Joyería y Relojería Amérigo, Farmacia Dr. Romero, Comestibles Leopoldo Asensio, Calzados Julián Infante, La China, Salchichería Extremeña, Sombrerería Iváñez, Óptica Cours, Nueva Sombrerería Acevedo, Farmacia J. Segura, Alpargatería Sogorb, Cortinas Orientales, Relojería y Óptica Corral o Armería Bernácer.

25 de junio de 2014

85 años de Fogueres en Carolinas. Primera época: 1929-1936

Conferencia impartida en el ciclo dedicado a los 85 años de Hogueras en Carolinas, publicada posteriormente en el número especial del boletín cultural Crónicas Carolinas

En junio de 2014 se cumplieron 85 años de la llegada de la Fiesta de Fogueres al barrio de Carolinas, ocho décadas y media que han servido para hacer de esta zona de la capital alicantina una de las más festeras y más galardonadas. Para celebrar la efemérides, la Asociación de Vecinos Carolinas Altas-Bola de Oro, la Foguera Carolinas Altas y el boletín cultural Crónicas Carolinas pusieron en marcha, entre otras actividades, el ciclo de conferencias 85 años de Hogueras en Carolinas, que quiso tratar todos los temas relacionados con la Fiesta desde una perspectiva histórica y cultural, de forma multidisciplinar, cuyas ponencias se publicarían en un número especial del boletín dedicado a esta celebración.


En este contexto desarrollé, tanto en forma de conferencia como de artículo, el que algo más desarrollado sigue a continuación, y que trató sobre la creación y primeros años de vida de Les Fogueres de Sant Joan en este popular barrio de Alicante, en concreto desde 1929 hasta que la contienda nacional forzó un obligado paréntesis en las hoy Fiestas Oficiales de la Ciudad.

1928

Tras el intento fallido en el año fundacional, encabezado por Leandro Galán, en 1929 quedarían constituidas las primeras dos comisiones del barrio: Carolinas Altas y Carolinas Bajas. Galán fue colaborador incondicional de José María Py en la fundación de Les Fogueres, ambos vecinos del barrio de Carolinas —el primero de la calle General Espartero, y el segundo en Plus Ultra— y, al parecer, no se consumó esa tentativa por motivos políticos, pese a que oficialmente se había formado la comisión de la Foguera Carolinas, para plantar un monumento «en la rotonda del tranvía», según consta en el rotativo alicantino El Día del lunes 2 de abril de 1928. Y es que Leandro Galán, abulense emigrado a Argentina, había regresado a España desde Santa Fe por temas de salud, y traía ideas que no encajaban en el régimen de Primo de Rivera.

Diario El Día, lunes 2 de abril de 1928

Según citaba el historiador Joaquín Santo Matas, en el prólogo y en la presentación de mi libro Alicante, Arte y Fuego, Leandro Galán tenía, en la plaza de Isabel II —actualmente de Gabriel Miró—, una tienda de telas de lujo, cuyo reclamo era una bola dorada sobre el escaparate y que daba nombre al establecimiento: La Bola de Oro. El hecho de que esta tienda estuviera en los bajos de la notaría del padre de José María Py, hizo que estos entablaran una amistad que tuvo gran trascendencia en la fundación de Les Fogueres, ya que buena parte de las reuniones dirigidas a tal fin fueron llevadas a cabo en el domicilio de Galán, en la Finca de San Miguel, aproximadamente a la altura de la actual plaza de la Bola de Oro, que comenzó a denominarse popularmente así precisamente por tener en ella su residencia el propietario del mencionado establecimiento.

Era obvio que, ya en su primer año de celebración, Leandro Galán quisiera estar en primera línea encabezando una comisión festera, pero, por la razón mencionada anteriormente, Carolinas tuvo que esperar a 1929 para vivir Les Fogueres. Así, Galán fue ninguneado por el régimen político de turno, quedando en un injusto olvido, cuando fue el más fiel colaborador de José María Py en la creación de la Fiesta.

15 de junio de 2014

El histórico problema del agua y la sanidad en Tabarca

La carencia de agua, bien referida a la existencia de este elemento en forma natural, o bien a la aportada por la lluvia, es en Nueva Tabarca tan antigua como la propia isla. Prueba de ello es la inexistencia de establecimiento humano alguno de forma permanente en la isla, hasta la colonización promovida por el rey Carlos III en el siglo XVIII, a costa de los cautivos redimidos de Argel, originarios de la Tabarka tunecina. Ni griegos focenses, ni romanos, ni árabes, ni las supuestas visitas del cartaginés Amílcar Barca o del mismo San Pablo, fueron motivo u ocasión para quedarse; solo los famosos y casi legendarios piratas berberiscos que la tomaron como base para sus fechorías en el Levante español, fueron motivo suficiente para plantear tal establecimiento permanente. Y es que el agua es sabido elemento indispensable para una población humana autosuficiente, no ya porque lo sea para la propia existencia de la vida, que no es poco, sino por lo que conlleva a la hora del saneamiento de dicha población y de la sanidad de sus habitantes.

Plano de la Plaza de S. Pablo, y Población de la Nueva Tabarca
(Servicio Geográfico del Ejército, Méndez de Ras, 1774)

De la utopía a la realidad

En estas condiciones, la llegada de los tabarkinos a la isla Plana planteaba de inicio serios problemas derivados de esa ausencia del líquido elemento, aunque paradójicamente se estuviera rodeado del mismo. Ya en los textos que acompañan a los primeros planos originales de Nueva Tabarca del coronel de ingenieros Fernando Méndez de Ras, fechados entre 1771 y 1775, se evidencia el problema, por lo que no es de extrañar que, según queda recogido en la Crónica de la Muy Ilustre y Siempre Fiel Ciudad de Alicante, de Rafael Viravens y Pastor (1876), y transcrito por autores más modernos, encontremos anotaciones y descripciones tales como:
Lavadero común grande, con sus divisiones no solo para lavar ropa blanca, sino también lonas, linos y sedas. [...] Pozo que se hizo muy profundo, por si se tropezaba con venero de agua dulce; en cuya excavación se ha cesado por la demasiada agua que filtra del mar; pero ya sin las partículas vetuminosas y amargas; razón por que habiéndose hecho varias experiencias con fuego violento por fabricantes inteligentes y prácticos (que la encontraron ser muy buena para lavar dichos géneros de linos, paños y sedas) se tiene determinado colocar en su proporcionado fondo, sobre una bóveda de cantería, la artificiosa bomba ya prevenida, para extraer agua con facilidad y abundancia. [...] Plaza mayor Carolina, desde cuyo centro se ven ocho objetos agradables de cuatro puertas principales y cuatro cisternas. [...] Hospital (nunca sería construido). [...] Cisternas ya hechas de especial cuidado, con sus bóvedas y conductos subterráneos, para recoger las aguas de los terrados, en las cuales cabrán de cincuenta a sesenta mil cántaros de agua, con sus brocales y pilas de piedra labrada; dejando la fábrica de diez más en los parajes que se demuestran, conforme se vayan aumentando los vecinos.
Transcurridos apenas diez años desde la llegada de los tabarquinos a Alicante, Nueva Tabarca estaba sometida a duro examen a través de una comisión dirigida por el gobernador interino, capitán Alejandro Stermont, y por el alcalde José Sales. Las investigaciones de esta comisión los días 24 y 25 de marzo de 1779, ya concluían datos como:
La población de la isla era de 328 tabarquinos y 15 españoles (en 1769 había 311 censados). [...] Hay un médico, un cirujano, un aguador. [...] Se observa la necesidad de aprovisionamiento diario de agua en embarcaciones desde Alicante. Son insuficientes los depósitos.