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29 de junio de 2015

El concepto de «ninots de carrer» en la primera etapa de Les Fogueres

Artículo publicado en la Revista Oficial Festa de Fogueres 2015

La figura de los ninots de carrer es tan antigua en Alicante como Les Fogueres de Sant Joan, no en vano han estado presentes desde los primeros compases de la Fiesta. Pero el concepto de los mismos ha variado con su evolución. Desde este punto de vista, unido a lo incompletos de los archivos documentales, escritos y gráficos que han llegado hasta nosotros, es difícil precisar y catalogar cuáles y cuántos ninots de carrer vieron las calles y plazas de nuestra ciudad.

Partiendo del actual concepto de ninots de carrer, con ciertas concesiones a la clasificación que de ellos se hace en función, fundamentalmente, de los archivos originales de Les Fogueres conservados en el Archivo Municipal de Alicante (AMA), sin lugar a dudas los más fidedignos a la hora de consultar los elementos históricos de la Fiesta, es posible realizar una semblanza de aquellos primeros plantados en nuestra ciudad, aunque en la documentación oficial atesorada no respondan a tal término.

Hoy entendemos como «ninots de carrer», en su acepción más completa, el ninot o grupo de ellos, confeccionados de forma artesanal por particulares, adultos o infantiles, colectivos vecinales, asociaciones, entidades, instituciones, o bien los propios artistas de fogueres, comisiones de fogueres y barraques, preferiblemente plantados e integrados en un entorno acorde a su intención o significado, con vestiduras reales o, en su defecto, realizadas en cartón, a modo tradicional, pudiendo estar acompañados de elementos que los complementen. Pero este concepto no estaba tan normalizado, ni muchísimo menos, en la primera etapa de Les Fogueres de Sant Joan, en concreto desde 1928 a 1936, que se pretende analizar a continuación, para lo que seguiremos el orden de los expedientes guardados en el AMA. Comprobaremos que la propia denominación de ninots de carrer no fue utilizada desde un principio, así como que algunos claramente identificables como tales no lo estuvieron, y nos permitiremos ciertas licencias a la hora de catalogarlos, atendiendo al mencionado concepto que actualmente tenemos de esta figura foguerera.

Podemos encontrar el primer ejemplo en los albores de la Fiesta, en el monumento que se plantó en su año fundacional 1928 en la mal denominada plaza de Roger, una calle asignada entonces al distrito de la plaza de Isabel II, actual de Gabriel Miró, tan cercana al Ayuntamiento que sería demolida en 1955 durante la reforma de la en esa fecha denominada plaza del 18 de Julio. La solicitud de plantà de la Foguera Plaza de Roger especifica «que ateniéndose a lo ordenado, acompaña el boceto [...] representando la clásica parada de melones».

Foguera Plaza de Roger 1928
El clasic melonero, de José Marced (AMA)

Aunque dicho boceto no se conserva, sí hay varias fotos del resultado de esta igualmente mal llamada foguera, fuera de concurso y probablemente de iniciativa particular, que sin duda parece más lo que hoy conocemos como un ninot de carrer. Hay publicaciones que le dan el lema El clasic melonero y la autoría a José Marced Furió.

7 de junio de 2015

Llibrets de Fogueres 1928.
Análisis y conclusiones

Artículo publicado en el Llibret de la Foguera Avenida de Lóring-Estación 2015

Han pasado casi seis décadas desde que Miguel Castelló Villena publicara, en 1957, su Bibliografía de las Hogueras de San Juan de Alicante, Premio «José María Py Ramírez de Cartagena» de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, el primer trabajo de esta índole que se fundamentaba en la producción escrita sobre Fogueres de Sant Joan, del que se editarían tan solo 300 ejemplares numerados.

Portada de la Bibliografía de las Hogueras de San Juan de Alicante
Miguel Castelló Villena. 1957 (Archivo Armando Parodi)

Profundo conocedor de la Fiesta, hasta el punto de que de niño ya plantaba, en la calle donde tenía ubicada la residencia su familia, pequeños monumentos foguerers, el entonces secretario de la Comisión Gestora presidida por su tío, Gastón Castelló, situaba en su perfecto contexto el concepto, razón y contenidos del llibret en el escrito con que prologaba su obra:
Desde que en el año 1928, José M.ª Py y Ramírez de Cartagena trasplantó de Valencia la belleza de sus «fallas» para darle forma a nuestras «Fogueres» es mucho lo que sobre ellas se ha escrito.
Todos conocemos que por cada Comisión de Distrito se editan unos «llibrets» donde junto a la explicación, más o menos graciosa de la «foguera», se publican las fotografías de sus «belleas», los «foguerers», relación de su comisión y algún que otro artículo literario, en muchos casos con firmas de prestigio que desean colaborar y darle con ello categoría a estas modestas publicaciones. Estas publicaciones en sí, son la Historia de nuestras Hogueras y nuestras Hogueras, no cabe duda de que ya forman parte de nuestra historia local.
Pero, ni su posición privilegiada en la Comisión Gestora, ni sus entrevistas personales con presidentes y miembros de gestoras y corporaciones municipales anteriores, ni su magnífica relación con el entonces archivero municipal, Augusto Fresneau, consiguieron completar esta primera relación de obra escrita de Les Fogueres, especialmente en sus primeros años. Solo el paso de las décadas, con la investigación y aportaciones de foguerers y barraquers, han conseguido, poco a poco, ir completando esta bibliografía, aun con las lógicas lagunas de desconocimiento, en ocasiones, de si este o aquel llibret se publicó, o tal vez si se conserva o no algún ejemplar en quién sabe qué biblioteca o, lo que es peor, qué desván.

Vamos a abordar en este trabajo los llibrets del primer año de la Fiesta a los que de algún modo se ha podido acceder, tratando de aportar un granito de arena a la obra de Miguel Castelló Villena, a la par de dar a conocer su peculiar lenguaje, estética y contenidos, incluida  la omnipresente y, por otra parte, imprescindible publicidad para su financiación.

27 de abril de 2015

Pasado y presente de Nueva Tabarca:
algunos visitantes contemporáneos

Artículo de EMILIO SOLER PASCUAL 
Universidad de Alicante 

Publicado en «Nueva Tabarca, un desafío multidisciplinar» (2014)
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert 
(Fotografías e ilustraciones escogidas y añadidas por «La Foguera de Tabarca»)



A finales de la centuria ilustrada, los sueños tan utópicos como interesados del ingeniero militar Fernando Méndez con respecto a la isla de Tabarca se desmoronaron por completo. La monarquía española había firmado un tratado con Argel por el que se aseguraba la protección de sus costas de ataques imprevistos y el gobierno español dio un giro importante al proyecto tabarquino que, de la mano de Méndez, había pasado de formularse originariamente como una barrera defensiva orientada a mar abierto a convertirse, según sus deseos, en un importante dispositivo militar. Si a partir del siglo XVI la costa levantina se había poblado de torres y atalayas, «construidas a manera de puestos de vigía contra los piratas africanos», tal y como señalaba en el siglo XIX el viajero inglés Richard Ford, el proyecto defensivo de Nueva Tabarca se hubiera convertido, de seguir adelante los proyectos de la monarquía de Carlos III, en la perla de esa corona semicircular defensiva que bordeaba el litoral alicantino.

Méndez había pensado en convertir la isla «en un fuerte avanzado en la mar» capaz de defender la ciudad de Alicante de los ataques de los corsarios berberiscos, pero el proyecto urbanizador, y no tan solo el militar, debería reconducirse hacia otro de características distintas más acorde con el giro político del gobierno español. Unas discrepancias manifestadas una y otra vez por el gobernador de Alicante, Conde de Baillencourt a sus superiores en Madrid criticando el excesivo desarrollo castrense que Méndez pensaba otorgar a Nueva Tabarca.


Y todo esto independientemente que el proyecto del ingeniero Méndez hubiera obtenido en su momento el plácet, a pesar de las severas advertencias que en su día recibió, entre ellas del científico y marino alicantino Jorge Juan y Santacilia quien, ya en 1770, no solamente criticó su programa militar por desmesurado, sino que llegó a calificar a Fernando Méndez de persona que carecía de la formación necesaria para entender que una ciudad debía ceñirse a las necesidades de la población y no al contrario, señalando importantes carencias para los habitantes como era, y no la menor, la falta en la isla de agua potable y de leña. El problema que se presentaba a la población tabarquina, ante la falta del líquido elemento, hizo que las autoridades mandaran excavar un pozo muy profundo cerca de la puerta de San Miguel. Los sondeos esperaban encontrar agua dulce que solventara el problema de abastecimiento, tan imprescindible para la población, pero pronto se abandonaron las prospecciones ya que el agua del mar se filtraba en las conducciones y el líquido resultante era completamente salobre. Méndez, ante ese problema, proyectó la construcción de una serie de aljibes, tanto en el casco urbano como fuera de él, para recoger la lluvia, escasa e irregular, cuando cayera sobre las terrazas de las viviendas y trasladarlas a esos depósitos. El número inicial fue de siete cisternas con la posibilidad de ir ampliándolas conforme fuera aumentando la población. Cada una de ellas tenía capacidad para albergar unos 50 ó 60.000 cántaros. La realidad mostraría que los aljibes debían ser llenados periódicamente con agua transportada desde tierra firme, con el gasto y el esfuerzo que semejante tarea ocasionaba.

5 de marzo de 2015

El legado de lo efímero:
José Gutiérrez Carbonell

Enlaces relacionados:

José Gutiérrez Carbonell (Alicante, 1924 - 2002)
7 años en activo
11 fogueres plantadas
5 primeros premios
1 galardón en la máxima categoría
2 ninots indultats

Hijo de artesano marmolista y con una temprana vocación escultórica inculcada por su padre, fue destacado discípulo de Daniel Bañuls.

Tras la Guerra Civil, en un concurso-oposición convocado por la Excma. Diputación Provincial, obtuvo una bolsa de estudio que aprovechó para acceder a la Escuela Superior de Escultura, Pintura y Grabado de San Carlos, de Valencia. Pero, con anterioridad, ya se había iniciado en el entorno de les Fogueres, primero con un monumento infantil en 1941, en la calle Alférez Díaz Sanchís y, posteriormente, entrando como aprendiz en el taller de Gastón Castelló en 1944, realizando algunas portadas de barraca. Colaboraría intensamente con Jaime Giner Palacios en la construcción de fogueres, realizando cinco monumentos entre 1946 y 1948, de fuerte contenido crítico, que les llevaría en más de una ocasión a lidiar con la censura, pese a lo cual fueron premiados con importantes galardones.

Una vez en Valencia, alternó sus estudios con la colaboración con artistas falleros, especialmente con José Soriano, Modesto González y Vicente Tortosa. Una vez terminados, regresa a Alicante, donde rápidamente aportó sus facultades artísticas en pro de la Fiesta del Fuego, de forma efímera pero contundente pues, tras haber trabajado en 1952 con José Perezgil en Categoría Especial, creando el primero de sus ninots indultats, El colilla (Séneca-Autobuses), y dando forma a la primera foguera en que se utilizó para los bastidores contrachapados en vez de lienzos, dos años después realiza para el mismo distrito el monumento El juego, Premio de Categoría Especial 1954, una de las creaciones más importantes de la década de los cincuenta, con reminiscencias gastonianas, combinación de arquitectura tradicional, figuras clásicas y bajos muy cuidados.

En 1955 son premiadas las tres fogueres que planta, entre las que destaca El món a pataes (Plaza Ruperto Chapí), una apuesta arquitectónica muy avanzada. Este mismo año consigue su segundo ninot indultat, Caruso (San Fernando-Lonja), y construye la portada de la Barraca Peña «Los Gorilas». Dejó en sus obras constancia de su versatilidad escultórica y su respeto a la arquitectura de su época, así como un mordaz sentido de la sátira, plasmado una y otra vez en multitud de viñetas, muy en la línea de sus maestros valencianos.

Posteriormente, se dedicó casi en exclusiva a la escultura y la pintura, destacando entre sus obras: la Sagrada Familia de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, un relieve en la Caja Infantil de Ahorros del Sureste de España, y un grupo escultórico en los desaparecidos jardines de la Biblioteca Gabriel Miró de dicha entidad financiera. En la I Exposición de Escultura Mediterránea, celebrada en 1957, obtuvo la Medalla de Plata.

En 1957 le hace los bocetos de Sueños de circo (San Antón Bajo) a Francisco Granja Velázquez, y en 1960 los de Teatro de la vida (Puente-Villavieja) a Francisco Almiñana Pérez y, como artista foguerer, retornó fugazmente en 1962, de nuevo en colaboración con Jaime Giner, con Mitología al día (Benalúa), que exploraba nuevos rasgos estéticos que no tendrían repercusión posterior. Más tarde, participó activamente como Jurado de Fogueres, así como enseñando a jóvenes valores, de la talla de Javier Gómez Morollón o Jesús Grao Garrido. Por último, en su otra vertiente artística, José Gutiérrez es autor del Monumento al Foguerer, instalado en la plaza de España e inaugurado el 21 de junio de 1982.

26 de enero de 2015

El legado de lo efímero:
Francisco Muñoz Gosálbez

Enlaces relacionados:

Francisco Muñoz Gosálbez (Alicante, 1896 - 1958)
7 años en activo
21 fogueres plantadas
1 monumento en el Ayuntamiento
1 primer premio

Artista precoz, a los doce años ya acudía a las clases de la academia del pintor alcoyano Lorenzo Pericás Ferrer. A los veinte inauguraba una propia, por donde pasarían, recibiendo sus primeras lecciones, firmas de la talla de Gastón Castelló Bravo, José Barahona Marco, José Pérez Gil «Pérezgil» y otros. Realizó diversas exposiciones personales, tanto en el Círculo de Bellas Artes como en el Ateneo de Alicante, pero no concurriría a certamen alguno. Fue padre del conocido arquitecto alicantino Francisco Muñoz Lloréns.

Fueron sus inicios foguerers de la mano de Juan Esteve García, con quien firmó sus primeros monumentos. Industrializó su arte, al que dedicó su vida, teniendo taller propio con varios ayudantes, siendo autor de una de las pocas fogueres publicitarias que se han plantado (Chevrolet, 1930). Del citado taller, salió igualmente la única foguera de 1939, La fuga, que sería realizada en el tiempo récord de quince días, contribuyendo con ello, de forma muy importante, a la reanudación de Les Fogueres tras la contienda nacional.

Su obra se desarrolló, casi exclusivamente, durante la II República Española, siendo merecedor de buen número de galardones, destacando el Primer Premio de Categoría B obtenido con Deu mos lliure de les males compañíes (San Antón Alto 1933). También fue, esporádica y tardíamente, constructor de portadas de barraca como «3 díes de alegría y bon humor», en 1948 y 1950. Eran sus fogueres de sencilla factura, escasamente ornamentadas, pero con unos ninots cargados de expresividad: