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21 de octubre de 2014

El legado de lo efímero:
Juan Such Roca

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Juan Such Roca (Alicante, 1884 - 1946)
9 años en activo
11 fogueres plantadas
1 primer premio
1 galardón en la máxima categoría

Fueron sus primeros dibujos dirigidos en la academia de Lorenzo Casanova. Trabajó posteriormente como dorador de muebles, ayudando a su maestro a dorar retablos en la iglesia de San Juan y en la colegiata de San Nicolás de Alicante. Más tarde marchó a Valencia, dedicándose a la litografía, pero a ruego de su familia, regresó a Alicante, volcándose en el dibujo comercial y el rotulado. Con la ayuda de Pedro Santos, montó «Litografía Moderna» en Benalúa, que pasó a formar parte, más tarde, de «Litografía Moderna y Artes Gráficas Gutenberg». Separado de esta unión, inició trabajo por cuenta propia en diversas actividades, siempre relacionadas con el arte, destacando su trabajo a las órdenes del cronista de Alicante, Francisco Figueras Pacheco, en restauraciones arqueológicas y, sobre todo, en dibujos de los hallazgos en el Tossal de Manises, de la Albufereta. Fue también autor del diseño del escudo municipal de Alicante, escogido previo concurso entre dibujantes.

Miembro de la tripleta vencedora en la primera edición de la Fiesta, con Parada y fonda (Benalúa 1928), fue esta su única asociación con otros artistas. Como constructor de fogueres se caracterizó por unos cuidadísimos bocetos a plumilla, que se conservan en el Archivo Municipal de Alicante, tan minuciosos como lo fueron luego los monumentos derivados de los mismos. Su labor se desarrolló en un breve período, desde el año fundacional hasta 1941, pero logrando importantes galardones, entre los que destacaron, con Segundo Premio de Categoría A en ambos casos, Micaelet crida als seus y Coca en toñina (Benalúa 1936 y 1940). Fue también autor de los primeros «nanos i gegants» del Ayuntamiento de Alicante.

Su obra foguerera en imágenes:

4 de octubre de 2014

El legado de lo efímero:
Paco Hernández

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Francisco Hernández Rodríguez (Alicante, 1892 - 1974)
5 años en activo
12 fogueres plantadas

Popularmente conocido como Paco Hernández, Francisco Hernández Rodríguez fue un polifacético artista que destacó como primer actor y director artístico, su verdadera profesión, así como constructor de fogueres desde el mismo momento de la fundación de la Fiesta. También pintor autodidacta, cuyas pocas lecciones recibió de manos de Heliodoro Guillén, realizó gran cantidad de obras, la mayoría religiosas, cuya producción realizaba por encargo, siendo el artista que más reproducciones del rostro de la Santa Faz ha realizado.

19 de septiembre de 2014

El legado de lo efímero:
José Amat Martínez

Inicio con este, una serie de artículos, una nueva sección del blog, bajo el título general «El legado de lo efímero», destinada a recordar a aquellas generaciones de artistas de fogueres que ya no nos acompañan. No serán todos los que estarán, pero sí estarán muchos de aquellos que es de justicia homenajear de algún modo porque, sin ellos, que se atrevieron con un arte nuevo en Alicante, trascendiendo de sus propias profesiones y de su formación, si es que la tenían, no hubiera sido posible que arrancara y fraguara la Fiesta del Fuego en nuestra ciudad.

Ellos trasladaron el testigo de ese «Arte Efímero», de ese polemizado, que no polémico, «Estilo Alicantino», cuajado a base de transmitir en sus monumentos la idiosincrasia de Alicante y los alicantinos, al magnífico elenco de profesionales que hoy distinguen con su arte foguerer la ciudad de Alicante, siendo además sus embajadores en otras poblaciones y ciudades, para hacer así crecer año a año la Festa més hermosa.

Qué mejor modo de homenaje que conocerles mejor, que no solo quedarnos con su obra y sus logros, que no es poco, sino buscar las personas que había detrás de cada monumento plantado en las calles de nuestra ciudad, de su vida, de sus vicisitudes, su forma de ver el arte foguerer, de hacerlo evolucionar. De algunos apenas nos ha llegado detalle de su biografía, de otros la conocemos más en profundidad, en ocasiones porque hemos tenido la suerte de disfrutar de su compañía, y de todos queda actualizada y ampliada, en algunos casos corregida, la abundante información que ya nos dejaron en estudios anteriores, tanto autores como Miguel Castelló Villena [Artistas de las Hogueras de Alicante, Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, 1958] y Francisco Javier Sebastiá García [Las Hogueras de San Juan (1928-1987), Instituto Alicantino de Cultura «Juan Gil-Albert», 1988], y estudiosos como Juan Carlos Vizcaíno Martínez, en sus numerosos y exhaustivos trabajos monográficos, especialmente en las páginas de la revistas oficiales Festa y Fogueres, del Ayuntamiento de Alicante y de la Comissió Gestora, respectivamente, hoy fusionadas.

Y no serán todos los que estarán, porque hubiera sido desproporcionado, tal vez excesivo, recoger el importante número de artistas que hicieron de sus monumentos las cenizas de las que, ejercicio tras ejercicio foguerer, como el tópico ave fénix, renacen una y otra vez Les Fogueres de Sant Joan. Es por ello, que protagonistas de la Fiesta como Lorenzo Aguirre, José Alavés, Francisco Díe, González Santana, Heliodoro Guillén, Gaspar Jaén, Julián López Bravo, José Navarro, José Perezgil, Francisco Ruiz Soler o José Sierra, entre muchos otros, en principio se quedan en el tintero, aunque les reconozcamos en estas páginas, ya que esta sección va también por ellos, pero he preferido llevar a cabo una selección, atendiendo bien a la extensión de su obra, lo dilatada de su trayectoria, a su currículum de galardones y reconocimientos, su natalidad alicantina, haber sido punto de partida de toda una saga de artistas, o haber marcado un antes y un después con sus aportaciones e innovaciones al arte foguerer, habiendo creado escuela.

Les debemos nuestro más sincero agradecimiento a todos y cada uno de ellos, a los que están y a los que son, porque sin su trabajo, su ingenio y su arte, no hubiera sido posible la Fiesta de Fogueres tal como hoy la conocemos.

* * *

JOSÉ AMAT MARTÍNEZ

José Amat Martínez (Alicante, 1893 - ¿?)
10 años en activo
21 fogueres plantadas
1 primer premio
1 ninot indultat

7 de agosto de 2014

La placidez de Nueva Tabarca

A primeros de abril de 1968, el escritor y periodista Antonio González Pomata, junto al fotógrafo de prensa Perfecto Arjones, ambos en las filas del Diario Información de Alicante, vivieron y convivieron durante dos días con sus habitantes la realidad de una isla de Tabarca que, si bien ya queda lejos de la Tabarca de hoy, no deja de ser reflejo de una época, contando con que, además, llevaban el encargo de sacar la «peor parte» de una isla todavía alejada del anhelado turismo, en el que tenían depositadas todas las esperanzas de supervivencia.

Diario Información, 2 de abril de 1968, p.12

Del mismo modo, en el Periódico Mediterráneo de Castellón, en octubre de 1975, se seguía hablando de una isla con graves problemas con el agua y la electricidad, con una creciente emigración de sus gentes, con ilusiones rotas y proyectos que no se convertían en realidad, pero que, paradójicamente, atrajo a visitantes famosos, e incluso llegó a ser objeto del deseo del magnate griego Aristóteles Onassis. El contenido del artículo, que calificaba a Tabarca como «una isla olvidada», era firmado por la periodista de la agencia Pyresa Gertrudis de Pablos.

Periódico Mediterráneo, 10 de octubre de 1975, p.16

Llegados los años 80, y de vuelta al principal diario de nuestra provincia, el panorama seguía siendo desalentador, y buena prueba de ello es el artículo firmado por Fernando Gil, con fotografías nuevamente de Perfecto Arjones, que viene recogido en las páginas del Diario Información en noviembre de 1981, y cuyo título habla por sí solo: «La isla abandonada». Aunque, bien es cierto, que el autor ya advertía: «He estado aquí docenas de veces, y siempre, en todo tiempo, he escuchado lo mismo: Tabarca no tiene salvación si sigue así, pero Tabarca puede ser salvada».

Diario Información, 7 de noviembre de 1981, p.6

Fue en la década de los 90, cuando se comenzaron a avistar en la prensa las primeras impresiones optimistas hacia la isla, precisamente de la mano del periodista Antonio González Pomata, que tan nefasta imagen se llevara décadas atrás. Fiel reflejo de este cambio de tendencia es el artículo que firmó en las páginas 6 y 7 del Diario Información del 17 de mayo de 1991:
Tabarca en primavera, plácida isla. Desde Santa Pola un buen servicio de canoas de recreo nos trasladan por 700 pesetas con derecho a retorno. Navegamos muy bien con el «Super Delfín Blanco». Las cinco millas de singladura se cubren en poco más de media hora permitiéndonos gozar de la panorámica —digamos turística— de Cap de l'Aljub (Santa Pola del Este y el cabo) desde el mar. Estos barcos son cómodos, rápidos y disponen de doble cubierta. Hay un detalle a señalar y es la escasa navegación que registran las aguas que median entre el Cabo de Santa Pola y la isla. ¿Saben la razón? Porque el estrecho tiene escollos y muy poco calado.

Diario Información, 17 de mayo de 1991, p.6
A Tabarca o isla de San Pedro hay que ir cómodos y «de chándal», y qué duda cabe que mejor en primavera que en verano por los agobios que reportan los «booms» del estiaje. La isla también es objetivo de buen número de yates y naves deportivas en sus salidas a la mar. De ahí que el ambiente marinero sea muy movido y colorista al estar Nueva Tabarca en la derrota de muchos navegantes desde Torre de la Horadada, Campoamor y Cabo Roig hasta Benidorm, Altea, y quizá allende los escarpados del Mascarat.

El pequeño puerto

6 de julio de 2014

Encuentros tabarquinos

El pasado mes de marzo de 2014, publicaba en este blog el artículo El concepto de «tabarquinidad», a raíz de la publicación en la prensa alicantina de la noticia del inicio de las gestiones encaminadas a conseguir de la UNESCO la declaración de la «tabarquinidad» como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Para ilustrar tanto la noticia como el vocablo, reproduje a continuación el artículo de 2010 del Instituto Universitario de Restauración de Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, titulado Fundaciones Tabarkinas: Tabarka, Carloforte y Nueva Tabarca.

Pero, lo cierto, es que la historia de la redescubierta y nuevamente tratada «tabarquinidad» data de décadas atrás. Sin ir demasiado lejos, en mayo de 2008 se llevó a cabo en la tunecina Tabarka el coloquio internacional «De Tabarka à Tabarka, quatre étapes méditerranéennes», cuyas Actas constituyeron la obra publicada en 2011 con el título De Tabarka (Tunisie) aux "nouvelles" Tabarka: Carloforte, Calasetta, Nueva Tabarca. Histoire, Environnement, Préservation, bajo la dirección de Philippe Gourdin y Monique Longerstay, con la participación de autorizadas firmas tunecinas, italianas, españolas y francesas, que le dieron una visión mucho más completa y cosmopolita al citado concepto de la «tabarquinidad». Una obra digna de ser consultada por toda aquella persona interesada en conocer la verdad histórica del periplo tabarquino, cuya riqueza le hace acreedora a la pretendida declaración de la UNESCO.


Pues bien, recientemente, en mi hemeroteca he dado con un artículo escrito en febrero de 1997 por José María Perea, en las páginas del Diario Información, en el que recrea la celebración, en 1988, del 250 Aniversario de la fundación de Carloforte. Esta efemérides dio lugar a otro de esos encuentros de las que el periodista bautiza como las «tres Tabarcas», en el que intervinieron profesores de las universidades de Cagliari, Génova, Roma y Túnez. Recordando el artículo a su vez que, desde junio de 1975, la homenajeada ciudad sarda y nuestro ciudad de Alicante, quedaban hermanadas. Por cierto que el artículo venía a cuento por el anuncio del Patronato de Turismo de la idea de realizar un nuevo encuentro histórico y cultural de esas «tres Tabarcas» del Mediterráneo.

Es decir, el histórico asunto de la «tabarquinidad» no es cosa de hace unos meses, es fruto de un pasado común que, fundamentalmente, en los últimos cuarenta años, va acercando las costas de estos territorios insulares multinacionales y, a buen seguro, gracias al intenso e inmenso trabajo que se está realizando desde todos y cada uno de los países implicados, magníficamente coordinados por Monique Longerstay, dará sus frutos en un futuro próximo, convirtiendo este singular periplo histórico en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.