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19 de septiembre de 2014

El legado de lo efímero:
José Amat Martínez

Inicio con este, una serie de artículos, una nueva sección del blog, bajo el título general «El legado de lo efímero», destinada a recordar a aquellas generaciones de artistas de fogueres que ya no nos acompañan. No serán todos los que estarán, pero sí estarán muchos de aquellos que es de justicia homenajear de algún modo porque, sin ellos, que se atrevieron con un arte nuevo en Alicante, trascendiendo de sus propias profesiones y de su formación, si es que la tenían, no hubiera sido posible que arrancara y fraguara la Fiesta del Fuego en nuestra ciudad.

Ellos trasladaron el testigo de ese «Arte Efímero», de ese polemizado, que no polémico, «Estilo Alicantino», cuajado a base de transmitir en sus monumentos la idiosincrasia de Alicante y los alicantinos, al magnífico elenco de profesionales que hoy distinguen con su arte foguerer la ciudad de Alicante, siendo además sus embajadores en otras poblaciones y ciudades, para hacer así crecer año a año la Festa més hermosa.

Qué mejor modo de homenaje que conocerles mejor, que no solo quedarnos con su obra y sus logros, que no es poco, sino buscar las personas que había detrás de cada monumento plantado en las calles de nuestra ciudad, de su vida, de sus vicisitudes, su forma de ver el arte foguerer, de hacerlo evolucionar. De algunos apenas nos ha llegado detalle de su biografía, de otros la conocemos más en profundidad, en ocasiones porque hemos tenido la suerte de disfrutar de su compañía, y de todos queda actualizada y ampliada, en algunos casos corregida, la abundante información que ya nos dejaron en estudios anteriores, tanto autores como Miguel Castelló Villena [Artistas de las Hogueras de Alicante, Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos, 1958] y Francisco Javier Sebastiá García [Las Hogueras de San Juan (1928-1987), Instituto Alicantino de Cultura «Juan Gil-Albert», 1988], y estudiosos como Juan Carlos Vizcaíno Martínez, en sus numerosos y exhaustivos trabajos monográficos, especialmente en las páginas de la revistas oficiales Festa y Fogueres, del Ayuntamiento de Alicante y de la Comissió Gestora, respectivamente, hoy fusionadas.

Y no serán todos los que estarán, porque hubiera sido desproporcionado, tal vez excesivo, recoger el importante número de artistas que hicieron de sus monumentos las cenizas de las que, ejercicio tras ejercicio foguerer, como el tópico ave fénix, renacen una y otra vez Les Fogueres de Sant Joan. Es por ello, que protagonistas de la Fiesta como Lorenzo Aguirre, José Alavés, Francisco Díe, González Santana, Heliodoro Guillén, Gaspar Jaén, Julián López Bravo, José Navarro, José Perezgil, Francisco Ruiz Soler o José Sierra, entre muchos otros, en principio se quedan en el tintero, aunque les reconozcamos en estas páginas, ya que esta sección va también por ellos, pero he preferido llevar a cabo una selección, atendiendo bien a la extensión de su obra, lo dilatada de su trayectoria, a su currículum de galardones y reconocimientos, su natalidad alicantina, haber sido punto de partida de toda una saga de artistas, o haber marcado un antes y un después con sus aportaciones e innovaciones al arte foguerer, habiendo creado escuela.

Les debemos nuestro más sincero agradecimiento a todos y cada uno de ellos, a los que están y a los que son, porque sin su trabajo, su ingenio y su arte, no hubiera sido posible la Fiesta de Fogueres tal como hoy la conocemos.

* * *

JOSÉ AMAT MARTÍNEZ

José Amat Martínez (Alicante, 1893 - ¿?)
10 años en activo
21 fogueres plantadas
1 primer premio
1 ninot indultat

7 de agosto de 2014

La placidez de Nueva Tabarca

A primeros de abril de 1968, el escritor y periodista Antonio González Pomata, junto al fotógrafo de prensa Perfecto Arjones, ambos en las filas del Diario Información de Alicante, vivieron y convivieron durante dos días con sus habitantes la realidad de una isla de Tabarca que, si bien ya queda lejos de la Tabarca de hoy, no deja de ser reflejo de una época, contando con que, además, llevaban el encargo de sacar la «peor parte» de una isla todavía alejada del anhelado turismo, en el que tenían depositadas todas las esperanzas de supervivencia.

Diario Información, 2 de abril de 1968, p.12

Del mismo modo, en el Periódico Mediterráneo de Castellón, en octubre de 1975, se seguía hablando de una isla con graves problemas con el agua y la electricidad, con una creciente emigración de sus gentes, con ilusiones rotas y proyectos que no se convertían en realidad, pero que, paradójicamente, atrajo a visitantes famosos, e incluso llegó a ser objeto del deseo del magnate griego Aristóteles Onassis. El contenido del artículo, que calificaba a Tabarca como «una isla olvidada», era firmado por la periodista de la agencia Pyresa Gertrudis de Pablos.

Periódico Mediterráneo, 10 de octubre de 1975, p.16

Llegados los años 80, y de vuelta al principal diario de nuestra provincia, el panorama seguía siendo desalentador, y buena prueba de ello es el artículo firmado por Fernando Gil, con fotografías nuevamente de Perfecto Arjones, que viene recogido en las páginas del Diario Información en noviembre de 1981, y cuyo título habla por sí solo: «La isla abandonada». Aunque, bien es cierto, que el autor ya advertía: «He estado aquí docenas de veces, y siempre, en todo tiempo, he escuchado lo mismo: Tabarca no tiene salvación si sigue así, pero Tabarca puede ser salvada».

Diario Información, 7 de noviembre de 1981, p.6

Fue en la década de los 90, cuando se comenzaron a avistar en la prensa las primeras impresiones optimistas hacia la isla, precisamente de la mano del periodista Antonio González Pomata, que tan nefasta imagen se llevara décadas atrás. Fiel reflejo de este cambio de tendencia es el artículo que firmó en las páginas 6 y 7 del Diario Información del 17 de mayo de 1991:
Tabarca en primavera, plácida isla. Desde Santa Pola un buen servicio de canoas de recreo nos trasladan por 700 pesetas con derecho a retorno. Navegamos muy bien con el «Super Delfín Blanco». Las cinco millas de singladura se cubren en poco más de media hora permitiéndonos gozar de la panorámica —digamos turística— de Cap de l'Aljub (Santa Pola del Este y el cabo) desde el mar. Estos barcos son cómodos, rápidos y disponen de doble cubierta. Hay un detalle a señalar y es la escasa navegación que registran las aguas que median entre el Cabo de Santa Pola y la isla. ¿Saben la razón? Porque el estrecho tiene escollos y muy poco calado.

Diario Información, 17 de mayo de 1991, p.6
A Tabarca o isla de San Pedro hay que ir cómodos y «de chándal», y qué duda cabe que mejor en primavera que en verano por los agobios que reportan los «booms» del estiaje. La isla también es objetivo de buen número de yates y naves deportivas en sus salidas a la mar. De ahí que el ambiente marinero sea muy movido y colorista al estar Nueva Tabarca en la derrota de muchos navegantes desde Torre de la Horadada, Campoamor y Cabo Roig hasta Benidorm, Altea, y quizá allende los escarpados del Mascarat.

El pequeño puerto

Poblado de 1770

La isla ofrece varias opciones, desde el caminar bordeándola, la acampada, el relax en el roquedal marino, la cháchara en el poblado y solazarse en la playa, hasta el baño y el buceo en sus limpias y frescas aguas. Eso sí, la pesca está prohibida. En esta época Tabarca es paz en la ida, la estancia y el retorno, que ya es decir.


¿Por qué esta isla de 30 hectáreas fortificada y habitada? Sencillamente porque fue avanzada de filibusteros cuyas incursiones motivaron que en el siglo XVI se construyeran torres-vigía a todo lo largo de un litoral —el alicantino— tan castigado por los corsarios berberiscos. Un poco más tardío, en Tabarca tenemos el castillo de San José (dos plantas y sótano) que durante un largo periodo se ha utilizado como casa-cuartel de la Guardia Civil. El caso es que el rey Carlos III dispuso el lugar como asentamiento de 311 cautivos (pescadores de coral de la Tabarka argelina) rescatados en 1769. Creó un pueblo de 125 casas y lo amuralló con recias defensas. Aquí no había más que pesca y a ella se dedicaron los tabarquinos en una isla de 1.800 metros de longitud, y 400 de anchura máxima donde poco más se podía hacer y de ahí que los Parodi, Luchoro, Ruso, Ferrandi, Pitaluga, Jacopino, Pomata y otros apellidos de origen genovés se esparcieran por Alicante-capital y otros puntos de la costa.

Iglesia de San Pedro y San Pablo

Gastronomía marinera

Tiene el poblado 7 calles y dos plazas, todo sea dicho ahora en vías de recuperación. Tabarca está perdiendo su antañona dejadez (fruto quizás de la permanente desatención a que el municipio capitalino la ha tenido sometida hasta hace unos años) y ya con agua, mejor suministro de energía y obras de restauración en marcha hace vislumbrar un porvenir que pronto podría ser envidiable. Ya se protegen sus aguas y fondos marinos y ya al fin, parece que el ordenamiento se impone ante las exigencias turísticas. Nunca es tarde aunque salta a la vista que es mucho lo que hay por hacer.

Puerta de acceso al poblado

Pero un notorio atractivo de Nueva Tabarca es la gastronomía típicamente pescadora donde el «caldero», «fideuá», «gazpacho de pescados», «arroz a la marinera», «sopa de mariscos», «sepieta, polpet, peixet frejit, calamar i xipironet» conforman la base de la sugestiva oferta isleña de buen yantar que hasta ahora centrada (digamos agolpada en los «chiringuitos» de su única playa) ya comienza a expanderse como pronosticando la reordenación que se avecina. Pensamos que el poblado ganará mucho —y los visitantes también— el día en que los restaurantes se sitúen estratégicamente en él. Por el momento ahí quedan, con su buen servicio de siempre, Gloria, Mar Azul, Los Pescadores, Rincón de Ramos y otros a pie de playa y puerto de Isla Plana.

Arroz «de collonet»

Y bien, de ello dan muestra hoy don Gerónimo II, en la calle de Enmedio (con menú-reclamo a 1.000 pesetas consistente en ensalada, paella de marisco, vino o cerveza, copa de helados o frutas del tiempo y pan) y La Taberna del Tío Collonet, de la calle D'Arzola, pulcro, marinero y bien atendida ella, donde Joaquín Pérez en la cocina («chef» de abordo en un pesquero) y Waldo Contreras en la sala, conducen esta nave del yantar tabarquino con gusto y maestría. «Aixó sí, el que va davant, va davant» y no valen excesivas prisas.

Aquí hemos conocido el «arrós collonet» (un caldosito de categoría) que teniendo «lo que hay que tener», como su nombre sugiere, nos supo a gloria. Contiene gamba pelada, alcachofa, pimiento rojo, guisantes, «peix de rebaná» (de clase) y ñora, mucha ñora al estilo pescador, dando a primera vista la sensación de un exceso de aceite que en realidad no tiene. Queda muy bien —digamos a nuestro criterio— este arroz «de collonet», simpático él, inédito y por delicado, más femenino que varonil.

«Arrós de collonet»

También vimos las pizzas «Collonet» y «Tabarca», a mil y setecientas pesetas respectivamente, y el «bon vi —de tonel— del Tío Collonet». Con sepia plancha, pulpo gallega y «ametles» de entrada, el menú con dicho «caldoset» ronda las dos mil pesetas.

* * * * *

Afortunadamente, los tabarquinos, tanto natales como oriundos o simpatizantes de la isla, hoy por hoy, nos estamos acostumbrando a encontrar en los medios de comunicación buenas noticias, tanto en cuanto a la conservación del patrimonio natural e histórico como a la explotación, bien entendida, de sus posibilidades turísticas, llámense de sol y playa como culturales y medioambientales. El empedrado de sus calles, la restauración de sus edificios históricos y lienzos de muralla, la preservación de su fauna y flora, marina y terrestre, son noticias ya vividas o en proceso de serlo, a las que se unen las más recientemente anunciadas como la adquisición y musealización de la Torre de San José y la Casa de «El Campo», el acondicionamiento de las bóvedas de artillería y los almacenes militares del siglo XVIII, el desarrollo de los senderos culturales y medioambientales, tanto terrestres como submarinos, las mejoras en el proceso y eliminación de residuos, o el tan traído y llevado derribo de las construcciones ilegales.

6 de julio de 2014

Encuentros tabarquinos

El pasado mes de marzo de 2014, publicaba en este blog el artículo El concepto de «tabarquinidad», a raíz de la publicación en la prensa alicantina de la noticia del inicio de las gestiones encaminadas a conseguir de la UNESCO la declaración de la «tabarquinidad» como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Para ilustrar tanto la noticia como el vocablo, reproduje a continuación el artículo de 2010 del Instituto Universitario de Restauración de Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, titulado Fundaciones Tabarkinas: Tabarka, Carloforte y Nueva Tabarca.

Pero, lo cierto, es que la historia de la redescubierta y nuevamente tratada «tabarquinidad» data de décadas atrás. Sin ir demasiado lejos, en mayo de 2008 se llevó a cabo en la tunecina Tabarka el coloquio internacional «De Tabarka à Tabarka, quatre étapes méditerranéennes», cuyas Actas constituyeron la obra publicada en 2011 con el título De Tabarka (Tunisie) aux "nouvelles" Tabarka: Carloforte, Calasetta, Nueva Tabarca. Histoire, Environnement, Préservation, bajo la dirección de Philippe Gourdin y Monique Longerstay, con la participación de autorizadas firmas tunecinas, italianas, españolas y francesas, que le dieron una visión mucho más completa y cosmopolita al citado concepto de la «tabarquinidad». Una obra digna de ser consultada por toda aquella persona interesada en conocer la verdad histórica del periplo tabarquino, cuya riqueza le hace acreedora a la pretendida declaración de la UNESCO.


Pues bien, recientemente, en mi hemeroteca he dado con un artículo escrito en febrero de 1997 por José María Perea, en las páginas del Diario Información, en el que recrea la celebración, en 1988, del 250 Aniversario de la fundación de Carloforte. Esta efemérides dio lugar a otro de esos encuentros de las que el periodista bautiza como las «tres Tabarcas», en el que intervinieron profesores de las universidades de Cagliari, Génova, Roma y Túnez. Recordando el artículo a su vez que, desde junio de 1975, la homenajeada ciudad sarda y nuestro ciudad de Alicante, quedaban hermanadas. Por cierto que el artículo venía a cuento por el anuncio del Patronato de Turismo de la idea de realizar un nuevo encuentro histórico y cultural de esas «tres Tabarcas» del Mediterráneo.

Es decir, el histórico asunto de la «tabarquinidad» no es cosa de hace unos meses, es fruto de un pasado común que, fundamentalmente, en los últimos cuarenta años, va acercando las costas de estos territorios insulares multinacionales y, a buen seguro, gracias al intenso e inmenso trabajo que se está realizando desde todos y cada uno de los países implicados, magníficamente coordinados por Monique Longerstay, dará sus frutos en un futuro próximo, convirtiendo este singular periplo histórico en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

28 de junio de 2014

La Foguera de la «Plasa del Achuntament» (2.ª parte)


1933. El mon de les imperfecsións

La siempre popularmente conocida como Foguera de la «Plasa del Achuntament» había alcanzado la principal meta que su comisión se había marcado: estar en la élite. El siguiente paso era mantenerse en ella y conseguir sentar unas bases firmes para optar al premio máximo. Con esa filosofía, el presidente José Romeu hizo un único retoque en su junta directiva, incorporando, según consta en el Registro de Socios que se conserva en el AMA, a Ezequiel Climent como vicesecretario, pues el trabajo burocrático y organizativo crecía y el secretario Juan Cours no podía abarcarlo todo.

Llibret de la Foguera Plaza de la República 1933 (AMA)

Por otra parte, creada en este ejercicio la figura del «Foguerer Machor», la comisión tuvo el honor de contar como su primer cargo así denominado a Luis Pérez Bueno, abogado y escritor y conferenciante sobre temas artísticos, que fuera alcalde de Alicante en 1909, y una de cuyas principales aportaciones fue la coordinación de una exposición de pinturas en el Ateneo de nuestra ciudad, cuyos beneficios fueron a repercutir directamente en la Foguera. También era elegida la primera bellesa del distrito, figura creada en el ejercicio pasado sin que las candidatas estuvieran ese primer año adscritas a comisión alguna, cargo que recayó en la señorita Isabel Martínez.

Bellesa 1933 de la Foguera Plaza de la República.
Srta. Isabel Martínez (AMA. Llibret 1933)

La principal novedad en este ejercicio foguerer de 1933 la encontramos en la aparición de la primera barraca del distrito, igualmente presidida por Romeu Zarandieta, bautizada Peña «Alicántara», de estética morisca, como no podía ser de otra manera, cuyo piso superior serviría a la Foguera como templete para la música. Esta denominación aparecería en prensa y otras pubicaciones con multitud de variantes, «Ali-Cántara», «Ali-Kantara», «Aly-Kantara», «Alikántara»... pero la que aparece oficialmente en su expediente es «Alicántara», y así nos referiremos a ella. Luego la conoceremos con más detalle.

La Foguera de la «Plasa del Achuntament» (1.ª parte)

Artículo publicado en la Revista Oficial Festa de Fogueres 2014

De todos es conocido el hecho de que, en cualquier municipio, las actividades realizadas en la plaza o calle en que esté ubicado su ayuntamiento, se revisten de cierta oficialidad y conllevan cierta repercusión que no tendrían en cualquier otra arteria o plaza de la población, por muy céntrica e importante que fuera. Esto es especialmente relevante en el entorno de las manifestaciones festeras, y el caso de Les Fogueres de Sant Joan no iba a ser una excepción. Así, desde el mismo nacimiento de la fiesta del fuego alicantina, los monumentos plantados frente a la puerta principal del consistorio, pese a constituirse desde el año fundacional de 1928 en una comisión como otra cualquiera de la ciudad, iban a disfrazarse de esa oficialidad, aunque la condición real de Foguera Oficial de la Ciudad no llegara hasta muchos años después, no desapareciendo como tal comisión hasta poco después de instaurada la democracia en nuestro país. Precisamente por esa razón, se examinaba con especial interés el mensaje, más o menos explícito, que pudiera tener la foguera como espejo de la sociedad alicantina, tanto en contenido político, económico, social, artístico o folklórico, y, si a ello añadimos el carácter eminentemente crítico del monumento, tenemos los perfectos ingredientes para la polémica, el morbo, el debate y, cómo no, la siempre acechante censura. Esto fue ya evidente durante el revuelto período de 1928 a 1936 en el que nos vamos a centrar.

La antigua plaza del Mar, de Alfonso XII durante los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, y que volvería a cambiar de denominación con la llegada de la II República, tomando el nombre de esta, tradicionalmente era conocida por los alicantinos como «Plasa del Achuntament», y de este modo ha quedado reflejado en la abundante documentación que estos dos periodos de la Fiesta generaron. Esta denominación quedaría en desuso, por razones obvias, tras el triste episodio de la contienda nacional, cuando se rotulara como plaza del 18 de Julio, y con ello igualmente la Foguera que, con la llegada de la democracia, cambió de nuevo a plaza del Ayuntamiento o plaça de l'Ajuntament, para denominarse por fin, en 1985, Foguera Oficial, tal como la conocemos, una vez desaparecida como comisión, cuyo distrito quedó adscrito territorialmente, en su mayor parte a la Foguera Monjas-Santa Faz, y una porción, más recientemente, a la Foguera Plaza de Santa María.

Para desarrollar la historia y peculiaridades de este distrito foguerer durante el citado período de 1928 a 1936, las denominaciones de comisiones, lemas de monumentos, explicaciones de los mismos, citas textuales, etc. han sido transcritos literalmente, tolerando el uso que del valenciano se hacía en la época, con sus modismos e incorrecciones, para respetar al máximo su singularidad y su sonido peculiar, pues no en vano se trataba básicamente del traslado a lo escrito del sonido del lenguaje hablado.


1928. De Jauja a Jijona, o El tranvía de Jauja

En su fundación, la Foguera Plaza de Alfonso XII integró representantes del comercio, la industria y el vecindario en general de las calles Altamira, Mayor, Jorge Juan, Gravina, Cervantes, plaza de Alfonso XII y adyacentes, si bien no existe una relación oficial de las que constituían el distrito foguerer. Del mismo modo, tampoco se conoce exactamente la nómina de comisionados que la integraban, aunque podemos hacer una aproximación basándonos en la solicitud de plantà, fechada 28 de abril de 1928, que recoge treinta y cinco firmas, veintiséis de ellas cuñadas mediante sendos sellos. Entre los firmantes son legibles las rúbricas de José Riera, Sebastián Cid, Vicente López Ruiz, Gabriel Montesinos, Víctor Uriarte, Antonio Amérigo, Antonio Andreu, Pascual Ors Pérez, que ostentaría la primera presidencia, Luigi Corno, Leopoldo Asensio, Julián Infante Gómez, Pascual Benavent, José Mataix, Francisco Iváñez, Julio Parreño, José Abad Ramos, Juana de Acevedo, Pablo Rodríguez, Lorenzo Gilabert, José Corral y Vicente Bernácer; y en algunos de los sellos son legibles comercios como Almacenes El Águila, Joyería y Relojería Amérigo, Farmacia Dr. Romero, Comestibles Leopoldo Asensio, Calzados Julián Infante, La China, Salchichería Extremeña, Sombrerería Iváñez, Óptica Cours, Nueva Sombrerería Acevedo, Farmacia J. Segura, Alpargatería Sogorb, Cortinas Orientales, Relojería y Óptica Corral o Armería Bernácer.