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Pesca... y otras capturas tabarquinas

Ni todo lo que se pesca son peces, ni todo lo que se pesca llega a puerto, ni todo lo que se pesca se puede vender, sirve o acaba siendo comido... es más, te puede comer a ti o, como mínimo, dar un buen susto. Y con la sólida tradición marinera de Nueva Tabarca, no iba a estar su historia exenta de un nutrido número de ejemplos que así lo atestiguan, e incluso introducen, más allá de la pura anécdota, en el terreno de la leyenda. No hay más que seguir de la mano del camino de la prensa histórica, para conocer de cerca y con detalle tanto la pesca como la «no pesca», resultado de la especial idiosincrasia de este pedazo único de tierra alicantina, isla de aventureros, de mercaderes, de pescadores de almadraba, de mitos y prodigios.


Respetando literalmente forma, corrección y contenido, la referencia más antigua a la que he podido acceder nos lleva al 4 de febrero de 1865, fecha en la que La España recoge en su página 4 la siguiente noticia:
Monstruo marino
Desde hace algunos días corrían voces de haberse presentado en las aguas de Alicante un pez de grandes dimensiones; rumores a que no habíamos querido dar crédito a pesar de que los marineros aseguraban haberlo visto repetidas veces.
Hoy ya es un hecho su aparición en aquellas costas como lo es que ha tenido lugar una verdadera lucha entre el cetáceo y algunos pescadores de la inmediata isla de Tabarca.
Referiremos el hecho tal como lo escriben de aquel punto.
«En la noche del 26 del corriente salió en una lancha a pescar un vecino de la isla, que a poco rato de tender la red sintió que se la rompían, no pudiendo recoger más que la mitad de ella al tratar de hacerlo.
El 28 por la mañana, al entregarse de nuevo el mismo sujeto a su habitual ocupación y al internarse algún tanto en el mar, y a poco más de una legua de la isla encontró un enorme y monstruoso pez que llevaba enredado el trozo de red perdido dos noches antes. Al pretender recogerlo, dio tales sacudidas el animal, que puso el falucho en gran peligro de zozobrar».
La noticia se veía complementada un mes después, el 5 de marzo, en la página 4 de La Libertad, que añadía lo siguiente:
El enorme cetáceo que fue herido cerca de Alicante por los pescadores de Tabarca, y que huyó por no poder estos sujetarlo, apareció en la mañana del 26 en las playas de Melilla con una gran herida en la cabeza. Se cree que era un cachalote y tenía 30 pies [1 pie = 30,48 cm] de largo y 10 de ancho. No pudiendo arrastrarlo de la playa a pesar de haberse puesto a ello una porción de hombres, lo destrozaron en el mismo sitio. La cabeza se calculó, después de cortada, que sería de peso de 10 arrobas [1 arroba = 11,5 kg]; esta fue pedida por el teniente coronel del tercer batallón de Ceuta, el que piensa disecarla. Es considerable la cantidad de aceite que han sacado de tal pez.
En las dos siguientes décadas, no fueron pocas las crónicas de apariciones en aguas de la isla de animales de gran tamaño, y no solamente cetáceos, sino potencialmente mucho más peligrosos que estos. Probablemente sí lo fuera el que refiere El Municipio, curiosamente también un 5 de marzo, pero de 1872, en su página 2:
Cetáceo
Hace pocos días que en la almadraba de la inmediata isla de Tabarca se cogió uno de peso ochenta y tantas arrobas, el cual fue preciso matar a hachazos.
Llevado a tierra, fue partido y remitido a diferentes mercados.
Mucho más reconfortantes eran, por ejemplo, las noticias como la recogida por El Constitucional del 18 de junio de 1878, en su página 3.

Gran pesca
Anteayer mañana desembarcaron en nuestro puerto mil arrobas de atún, pescado en la almadraba de la Isla de Tabarca, el cual fue distribuido entre varios pueblos de la provincia y la capital en donde ayer se vendía a precios arregladísimos, lo cual, es siempre una novedad en nuestro carísimo mercado.
Otras causaban una lógica inquietud, a la par que curiosidad, como las características de la pieza detallada en este mismo diario y página, con fecha 21 de marzo de 1879:

Pez monstruoso
Un laúd de Tabarca desembarcó ayer mañana en el muelle de costa de nuestro puerto, una lamia, pez de la familia de los tiburones que pesaba unas ochenta arrobas: tenía cerca de tres metros de largo por ochenta centímetros de ancho; el cuerpo es cilíndrico y la boca espantosa armada con una doble hilera de dientes de centímetro y medio de largo. Fue cogido en la almadraba de aquella isla. Según nos han dicho, una persona lo ha adquirido para llevarlo a Madrid.
El Graduador, en sucesivas ediciones del 21 y 22 de marzo, ambas en su página 3, ampliaba y comentaba esta noticia, añadiendo una guinda de componente político.
Buena pieza
Ayer llamó nuestra atención al pasar por el muelle de costa, el innumerable gentío que se reunía a presenciar el desembarque de una lancha pescadora. Acudimos al sitio, y nos encontramos con un enorme pescado, cuyo peso se calcula en 720 kilogramos.
Los pescadores más antiguos desconocen el nombre de tal monstruo, que difiere muy poco de los que llamamos musola.
Su longitud es de unos quince palmos [1 palmo = 20,87 cm].
Parece que será adquirido por el Instituto de segunda enseñanza.

Más detalles
Ampliando las noticias que dábamos en nuestro número de ayer, debemos decir que el enorme pez cogido en la Almadraba de la isla Tabarca se llama Lampia; pesa unas setenta arrobas, tiene aproximadamente tres metros de largo por ochenta centímetros de ancho, el cuerpo es cilíndrico y la boca espantosa, armada con doble hilera de dientes de centímetro y medio de largo, afilados cual si fuesen lancetas; se le ha extraído el hígado que pesa unas ocho arrobas; también se le han encontrado en el vientre dos peces llamados milor, que pesaba cada uno dos arrobas.
¡Digo! Si el animalito encuentra en su camino a la Trinidad de Alcaldes de nuestra provincia, que todos conocemos por sus hechos memorables en las últimas elecciones de diputados provinciales y en el sorteo de concejales, ¡Estos sí que son lampias!
El eco de esta noticia llegó hasta numerosos rotativos, tanto de la provincia, por ejemplo El Serpis del 23 de marzo en su primera página, como de fuera de ella, tal como el Diario de San Sebastián del 24 de marzo, en su página 3.

Años más tarde la historia se repetía. El Liberal del 19 de noviembre de 1887, en su página 2, recogía la aparición de un nuevo ejemplar de gran tamaño en las redes de la almadraba.

Buena pesca hicieron ayer los que se dedican a la del atún en la llamada Almadraba de Tabarca.
Hallábanse aquellos pescadores anteanoche dedicados a sus faenas, cuando de repente notan un gran movimiento en la red tonaria, lo cual les hizo presumir que no se trataba de un atún de grandes dimensiones, sino de un pescado de mayor categoría.
Envuelta la presa entre las redes principiaron a hacer camino las lanchas pescadoras hacia tierra y ayer mañana llegaron al muelle de costa de esta capital y entonces descubrieron, que lo que traían era un enorme pescado, que mide cerca de tres metros de longitud, y de un peso de 25 arrobas.
Este reyezuelo del mar tiene una cabeza relativamente pequeña al tamaño de su cuerpo, así como los ojos respecto a la cabeza, su boca está bien armada de dientes, como de una pulgada de largos en forma de saeta y bien afilados y finos a los lados tiene dos aletones y otro más pequeño en el dorso, su piel es lisa y sin escamas, la redondez de su cuerpo es casi tan grande como su longitud.
No conocemos su nombre propio, pero los pescadores le dan el nombre de Lamia.
Como su carne es de escaso mérito para el consumo, se trata de disecarlo, y al efecto lo han abierto y dentro de su estómago se han encontrado dos cabezas de atún aún intactas y gran porción de carne que sería indudablemente de los atunes a quienes pertenecerían aquellas cabezas.
Estos dos pescadillos serían la cena de ese anacoreta marítimo.
Este pescado se halla expuesto en los baños de Diana.
Para su disección se ha llamado al inteligente disector de Elche D. Vicente Bañón.
También esta noticia tuvo su repercusión en otros medios escritos como El Serpis del 22 de noviembre, que en su segunda página hacía algunas aclaraciones, no del todo acertadas, acerca de esta gran captura:
Varios pescadores de la isla de Tabarca, dice un periódico de Alicante, han traído esta mañana a remolque, desembarcándolo en el muelle de costa, un pez enorme llamado Orca Marsopa. Miden generalmente estos cetáceos de cuatro a cinco metros, y penetran en el Mediterráneo persiguiendo a los atunes.
El ejemplar que nos ocupa tiene una longitud de tres metros, y la abertura de su boca es larga, y armada de fuertes y agudos dientes.
Su peso, según nos han dicho, pasa de 200 kilos.
Este pez es voracísimo, y apetece también la carne humana.
Los pescadores lo han conducido al establecimiento de baños de Diana, en donde al abrirle se le ha encontrado dentro un atún de regulares dimensiones.
Aclaraciones un tanto desafortunadas, de las que hicieron eco otros numerosos rotativos como La Correspondencia de España, en igual fecha y página; La Crónica del 23 de noviembre, en su página 4; o la segunda de La Nueva Lucha del 25 de noviembre.

Pero no todo lo encontrado en aguas tabarquinas eran peces o cetáceos. También tuvo su lugar la lamentable pérdida de vidas humanas. Un ejemplo lo tenemos en la noticia recogida por numerosos diarios como La Fidelidad Castellana del 9 de mayo de 1889, en su tercera página.

Dicen los periódicos de Alicante que una de las escampavías de guerra [tipo de buque de las marinas de guerra y guardacostas caracterizado por su escaso tonelaje y calado, con casco de hierro, propulsión a hélice y un cañón de escaso calibre, habitualmente destinada a labores auxiliares de guía, exploración, reconocimiento y apoyo a faros] que cruzan aquellas aguas se encontró a la altura de la isla de Tabarca un cajón que contenía un cadáver, conduciéndole a remolque al muelle de dicha capital. Este hecho ha dado margen a diversas conjeturas.
Conjeturas que no quedaron aclaradas en otros medios como El Isleño del 10 de mayo en su segunda página, o Crónica Meridional en la misma página del ejemplar del 15 de mayo.

Unos años más tarde volvían las buenas noticias de capturas extraordinarias, en este caso de lo que importaba, los atunes. El Aralar del 2 de julio de 1895, en su página 2, lo reflejaba, si bien de forma muy escueta.

Los pescadores de la isla Tabarca (Alicante) están muy contentos por la abundante pesca de atún con que han inaugurado la temporada.
En una noche han pescado más de dos mil atunes.
Cambiamos de siglo, y ya en su segunda década el Diario de Alicante, el 17 de agosto de 1916, página 3, contenía esta curiosa noticia.

Hallazgos en el mar
El pescador de Tabarca Rafael Ruso halló en las proximidades de aquella isla un bocoy de vino, vacío, con la marca «Nougnier Cette Just et Locatión».
También los carabineros del puesto del Carabasí han recogido en la playa otro bocoy, asimismo vacío, con la marca «J. A. x 527 - Valencia-Blanco».
Los referidos bocoyes están depositados en la Ayudantía de Marina de Santa Pola.
Un año más tarde, la página 5 de La Correspondecia de España del 21 de junio de 1917, recogía otro peculiar hallazgo:
Gasolina abandonada
Alicante, 20.— A medio día ha fondeado en este puerto el velero Nuestra Señora del Rosario, que se encontró frente a Tabarca un bidón de gasolina. El capitán ha dado cuenta del hallazgo a las autoridades de Marina.
Curiosamente, a notable distancia de Alicante, el 23 de noviembre de 1923, la tercera página del Diario de Córdoba hacía eco de reivindicaciones de los marineros tabarquinos:
El Pósito de pescadores
Alicante.— El presidente del Pósito de pescadores de las islas de Tabarca, en nombre de doscientos cincuenta afiliados, ha dirigido una instancia al Directorio pidiendo mejoras para la industria pesquera.
Solicitan que se establezca la veda de la pesca y que se prohíba pescar en los criaderos.
La prensa local volvía de nuevo a recoger malas noticias, de alguna manera relacionadas con la isla. Así lo hacía El Luchador del 29 de marzo de 1924, en su página 3.

Lo que el río trae
Se han observado en Tabarca los desastrosos efectos de la inundación en las vegas de Murcia y Orihuela.
Alrededor de la isla se ven flotando numerosos muebles y enseres y varios animales domésticos, muertos.
Todo lo relacionado con la almadraba, siempre era noticia en una población que prácticamente dependía de ella para su subsistencia. Eran frecuentes las crónicas como la del Diario de Alicante del 7 de julio de 1933, tercera página:
Disposiciones oficiales
Madrid.— La «Gaceta» publica una disposición autorizando al concesionario de la almadraba de la Isla de Tabarca para pescar con las demás artes dentro de la zona vedada desde el 15 de octubre hasta el 31 de enero próximo.
La presencia del «lobo marino» o llop marí en aguas de Tabarca, desde hace décadas desaparecido de ellas, fue inspiradora de leyendas y siempre ha sido causa de expectación tanto en la isla como en la capital, e incluso fuera de ella. Buen ejemplo son los detallados artículos aparecidos en las páginas de El Luchador, en ejemplares consecutivos, el primero en portada del 25 de marzo de 1935, con alguno que otro error de bulto incluido, como el de catalogarlo como cetáceo o como pez.

Unos marineros de Santa Pola pescan en aguas de Tabarca dos lobos marinos
Ayer tarde la gente que paseaba por el muelle de costa tuvo ocasión de admirar dos animales raros que exhibían unos pescadores de Santa Pola tripulantes del laúd «Mascota». Al lado de la embarcación en un bote lleno de agua había dos animales que coleteaban violentamente queriendo desasirse de las amarras que los sujetaban.
Tienen los cetáceos todo el aspecto de focas pero los marineros dicen que son dos «lobos de mar». Son largos, quizá de dos metros y a juicio de los que los pescaron deben pesar treinta arrobas cada uno.
Dicen que la noche anterior salieron a pescar desde la isla y se vieron rodeados de animales de esta misma especie de los que hay una gran cantidad en aquellas aguas, debiendo tener su guarida por aquellas rocas. Para defenderse de ellos más que para pescarlos trabajaron tirando las redes y lanzando algún arpón y logrando izar estos dos ejemplares que son magníficos.
Ayer tarde los pescadores estaban gestionando ponerse al habla con los parques zoológicos de Madrid y Barcelona para ofrecer la venta de los dos ejemplares.
——
El «llop marí», que es como los tabarquinos llaman a este pez, es de antiguo conocido por estos mares. Tanto es así que la isla de Tabarca tiene al Sur una gruta que se interna unos cien metros por el subsuelo de la población, llamada la «Cova del Llop Marí». En esta cueva penetran las aguas del mar. Y a favor de ellas embarcaciones de poco calado. Esta caverna se denomina del «Llop Marí» porque en ella se refugió este pez, de gran tamaño y ferocidad, de cuerpo liso y viscoso, y cuya boca está armada de dientes irregulares y muy agudos. Los tabarquinos, marineros muy valerosos, aprovechando la lobreguez de la noche, penetran en la gruta, y con anzuelos y arpones logran pescar al lobo marino, anidado en aquel cavernoso lugar.
La Cueva del Llop Marí es de aspecto fantástico, maravilloso. Las estalactitas que cuelgan de su techumbre son magníficas. Las aves marinas, en considerable número, buscan refugio en las concavidades de la gruta.


Queriendo dar más información que en su número anterior, la portada del ejemplar del 26 de marzo no hizo más que abundar en los errores de taxonomía del llop mari, dando detalles de unos animales que no tienen nada que ver con su verdadera naturaleza, la conocida como «foca monje», pues parece muy improbable que se tratara de las criaturas que el diario pretende describir.
A propósito de los lobos marinos pescados en la Isla de Tabarca
Sus características y cómo fueron apresados
En nuestro número de ayer dimos cuenta de los dos lobos marinos pescados en aguas de la Isla Tabarca, y que fueron traídos a nuestro puerto en la madrugada del domingo, exhibiéndose al público. Hoy vamos a ampliar nuestra información con referencias muy interesantes.

Manatí
Este es el nombre verdadero del «lobo marino», cetáceo de la familia de los Sirenos —vaca marina—. Se designan generalmente con este nombre los mamíferos del orden de los cetáceos, familia de los Sirenios, pertenecientes al género «Manatus»; animales de formas algo parecidas a las de las focas, con el cuerpo algo deforme, casi desnudo (la piel lleva solamente escasas cerdas muy esparcidas), la aleta caudal rodondeada, las extremidades anteriores en forma de aletas, pero con una a cuatro uñas aplanadas rudimentarias; los orificios nasales situados en la punta del hocico, dos incisivos, que caen muy pronto, en la mandíbula superior, y ninguno en la inferior, y de 8 a 10 molares a cada lado en cada mandíbula; de estos molares, sin embargo, nunca están en funciones, a la vez, más que uno a cada lado en cada mandíbula, siendo luego sustituidos en la masticación por los demás de atrás, a medida que estos van creciendo. Comprende este género un reducido número de especies que viven cerca de las costas, o en los grandes ríos de América y de África.

Los hallados en la Isla Tabarca
Seguramente los encontrados en la Isla Plana son de la especie Manati senegalensis, de unos 2'50 metros de longuitud, con la piel gris negruzca y los molares generalmente en número de 10 a cada lado, vive en las costas occidentales del África tropical, y se encuentra en las, desembocaduras de ríos desde la Senegambia hasta el golfo de Guinea. Nadan con facilidad, pero son de ordinario perezosos en sus movimientos, permaneciendo la mayor parte del tiempo, en lugares abundantes en plantas acuáticas, de las cuales se alimentan. Se aprovecha de ellos la carne, que es comestible y parecida a la de ternera; la grasa subcutánea, se emplea principalmente para arder, y la piel que es muy gruesa, después de seca sirve para hacer bastones. En cautividad, viven los Manatíes bastante bien, y se amansan extraordinariamente.

Cómo fueron pescados
Se señaló la presencia de estos manatíes en Tabarca hace aproximadamente un mes. Se refugiaban en la cueva del «Llop Marí» y fueron apresados por los pescadores de la almadraba tapando la boca de la cueva, durante la noche con redes muy gruesas, de las que se emplean para la pesca del Atún.
Dicen los habitantes de la isla que había seis o siete de estos animales.
Vamos ahora con la, sin lugar a dudas, más sorprendente y mejor documentada noticia de captura tabarquina: un tiburón blanco de notables dimensiones. Su lectura y las magníficas fotografías de Francisco Sánchez, conservadas en el Archivo Municipal de Alicante, podrían inspirar temor, incluso hoy en día, a cualquiera que pretenda bañarse en las costas de Nueva Tabarca.

Rotativos de tirada nacional, con fecha 11 de agosto de 1946, lanzaban llamativos titulares que nada tuvieron de sensacionalistas: «Captura de un monstruo marino en la isla de Tabarca» (ABC, p.34); «Captura de un gigantesco monstruo marino» (La Vanguardia, p.4). Las crónicas, breves y de contenido similar, fueron facilitadas por la agencia Cifra, pero era obvio que la más completa y extensa aparecería en la prensa local alicantina, en concreto en portada y página 5 del Diario Información. Esta es la transcripción completa, que de este modo apareció en el citado medio:

Monstruo marino capturado en Tabarca
En la almadraba de la isla de Tabarca, de "Lloret Llinares y Compañía", fue capturado ayer mañana un monstruo marino, de la especie llamada entre los pescadores tabarqueños con el nombre de "llamia". El espléndido ejemplar penetró en la almadraba a las ocho de la mañana, en persecución de un bando de atunes. Fue muerto después de ponerlo casi en seco, y la pontona que en aquella isla tiene destacada la Junta del Puerto para las obras del refugio que allí se realizan izó la formidable "pesca" a la motora auxiliar de la almadraba, que la condujo a nuestro puerto a mediodía.
Alrededor de cuarenta hombres intervinieron en las operaciones de desembarco del enorme pez. Su peso arrojó la extraordinaria cifra de 1.790 kilos, y sus dimensiones eran de seis metros de largo por dos y medio de diámetro en la parte más ancha. Después de haber sido admirado por numerosos curiosos atraídos en cuanto circuló en el puerto la noticia, y como dicho pez es comestible fue descuartizado, adquiriéndolo completo Vicente Enrique, que pagó por él 1.200 pesetas.
Se le encontró al extraordinario animal en el vientre un atún de 40 kilos de peso. Dicho atún presentaba dos mordiscos, uno en la parte de la cola y otro en la cabeza, habiendo sido tragado entero por la "llamia". Su captura fue muy difícil dentro de la almadraba, cuando ya el animal había averiado grandes trozos en la red. Como detalle curioso citaremos que el hígado, pesado aparte, dio en la báscula 300 kilos y que, de haber habido un sistema apropiado de instalación industrial prensadora, como en las factorías especializadas, dicho hígado hubiese proporcionado alrededor de 100 litros de aceite. Un barril completo... Viejos pescadores del puerto nos manifestaron que desde hace veinte años no se ha visto en Alicante una captura accidental de semejante tamaño.
Esta es la serie de imágenes capturadas por Paco Sánchez, en la Lonja del Pescado alicantina, la primera de las cuales ilustra la noticia:


Por último, aunque he obviado las lógicas «capturas» debidas a naufragios o a consecuencia de la contienda nacional en aguas de Nueva Tabarca, testigo de primera fila de grandes desastres marítimos que ocupan por sí solos un notable capítulo en la hemeroteca tabarquina, acabaré con un anecdótico ejemplo, tanto por lo excepcional como por la «pesca» contenida. Y no menos anecdótica es la fuente donde la he encontrado: el Diario de Zamora del 24 de marzo de 1954, página 4:
"Pescan" el fuselaje de un avión
Alicante, 23.— Los tripulantes del pesquero "Astilleros Blasco", de Santa Pola, al levantar las redes en las proximidades de la isla de Tabarca se vieron sorprendidos por su extraordinario peso. La sorpresa aumentó cuando sacada a superficie vieron que contenía el fuselaje de un avión, que fue rescatado y conducido a puerto. Se supone que el avión se hallaba en el fondo del mar desde la Cruzada de liberación.— Cifra.

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