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Los orígenes del periplo tabarquino

José Luis González Arpide, Catedrático de Etnología de la Universidad Complutense de Madrid, autor de la tesis doctoral Los Tabarquinos. Estudio etnológico de una comunidad en vías de desaparición (Instituto de Estudios Alicantinos -IEA-, Diputación Provincial de Alicante, 1981), obra de referencia para cuantos estudiamos Nueva Tabarca, publicó hace unos años en el Diario Información, un esclarecedor artículo que tituló Carlos V y las dos islas Tabarca, que pone en antecedentes históricos lo que podríamos considerar los orígenes de la trágica aventura que sufrirían las familias genovesas pescadoras de coral, en su periplo de Tabarka a Nueva Tabarca.

Carlos I de España y V de Alemania

Y es que hay situaciones que parecen sacadas, más que de la realidad histórica, de un libro de aventuras. Los protagonistas principales de este libro serían Carlos I (1500-1558), Rey de España (1516-1556) y Emperador de Alemania (como Carlos V, 1520-1556), y los hermanos Barbarroja, famosos piratas que asolaban las aguas del Mediterráneo, incluidas entre ellas las zonas de Valencia, Alicante y Santa Pola.

Oruch Barbarroja
Jaradín Barbarroja

Pues bien, el mayor de los hermanos Barbarroja era conocido por Oruch (que significa "renegado"), y el pequeño por Jaradín (Kheir-ed-Din). Oruch Barbarroja, en compañía de sus también famosos lugartenientes por sus correrías, como Salah Rais (Sinan-Reis), Cachi-Diablo (Aydin-Reis) y Dragut (Turgut-Reis), llevaba a cabo innumerables ataques piratas principalmente en las costas italianas y españolas, donde causaban numerosos destrozos y se llevaban cautivos para después canjearlos mediante rescate. Barbarroja (Oruch), que se autoproclama rey de Argel, en 1534 conquista Túnez, por lo que desde Trípoli hasta Orán se le someten el resto de pueblos, convirtiéndose en un formidable enemigo para España y los países ribereños.

Salah Rais
Cachi-Diablo
Dragut

Escribe González Arpide, que ante tamaña amenaza, en 1535 el Emperador Carlos V consigue reunir una flota para atacar estos territorios norteafricanos que tanto amenazaban y fustigaban a los barcos y costas españolas. Ataca y conquista Túnez reponiendo al anterior rey. Y en 1541 intenta conquistar la plaza de Argel para neutralizar los ataques corsarios, pero esta vez no tiene éxito y debe retirarse.

Cercana a la frontera entre Argelia y Túnez, en territorio tunecino, se encuentra la población de Tabarka, frente a la que estaba situada entonces, muy próxima a la costa, la pequeña isla del mismo nombre, hoy unida al puerto de la población mediante un estrecho istmo. Por esta situación estratégica, Carlos V la elige para construir un presidio custodiado por una guarnición de soldados.

Antiguo plano de la Isla de Tabarka (Túnez)

Como en las inmediaciones de esta isla existían ricos bancos de coral, el Emperador decide arrendarla a una familia genovesa de los Lomellini, amiga de Andrea Doria, almirante genovés que ya luchaba junto al Emperador. Así, en abril de 1540 se firma el contrato entre Agostino, Francesco y Nicholo Lomellini para poder pescar coral en la isla tunecina de Tabarka, y a cambio España construye un presidio para quinientos hombres, fortificado y artillado, en el que siempre debía ondear la bandera española, y puede percibir un quinto del valor de la pesca del coral, concediendo una pequeña suma anual para el mantenimiento de la guarnición, de forma que España mantuviera una pequeña avanzadilla en esta zona.

Familia Lomellini

Tras el fracaso de la conquista de Argel, Carlos V regresa a Mallorca escoltado por Andrea Doria, y se dirige a Cartagena pasando por Alicante. Según nos narran los historiadores López y Maltés:
Queriendo el Emperador descansar en Alicante, don Bernardino de Cárdenas, Marqués de Elche, con fino tacto le manifestó que la población no era muy abundante y el puerto nada seguro para su desembarco, por lo cual fue la flota a la Isla de Santa Pola.

Enterada la ciudad de Alicante, hizo su salva real al pasar frente a ella la galera real. Alicante envió a la isla un bergantín cargado de volatería, dulces, vino, terneras y otros regalos que pudo reunir en poco tiempo, por lo que el Emperador le manifestó a Don Bernardino que aquellos regalos no salían de lugares chicos y de poca monta, como el Marqués de Elche pretendía hacer creer.
Andrea Doria

En opinión de los citados cronistas, pudo ser bien por ahorrar gastos si desembarcaba el Emperador en la ciudad, o bien (y más probablemente) porque fuera su huésped de forma más exclusiva, ya que la Isla de Santa Pola pertenecía a sus dominios.

Vemos pues que, por circunstancias de la historia, el Emperador Carlos V tuvo relación directa con las dos Tabarcas, la tunecina y la alicantina, y ambas formaban parte de la corona española, lo que tuvo mucho que ver en los acontecimientos que vendrían dados un par de siglos en el futuro.

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