En esta ocasión nos vamos a asomar a las páginas de una revista cuya existencia fue tan fugaz como intensa, y que también se acercó a nuestra isla, retratando de primera mano cómo era la vida en Nueva Tabarca a finales de la década de los años veinte.
Se trata de la Revista Estampa, con un artículo titulado «La
Isla Luminaria», que fue publicado en el ejemplar del 29 de enero de 1929 (Año 2 N.º 56), p.p. 17-18, redactado por Rodolfo Llopis Ferrándiz, con fotos de Zapata. El ejemplar consultado se encuentra en la colección contenida en los fondos de la Biblioteca Nacional de España.
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| Revista Estampa, Año 2, N.º 56, 29 de enero de 1929 (Biblioteca Nacional de España) |
Revista Estampa
La revista Estampa
fue una publicación semanal ilustrada de reportajes sobre crónicas de
actualidad nacional e internacional, un proyecto editorial del ingeniero
madrileño Luis Montiel de Balanzat,
entusiasta de la técnica, las máquinas y el progreso que, iniciado en el mundo
de las artes gráficas, adquirió los talleres de Sucesores de Rivadeneyra, instalaciones que le permitieron imprimir
incluso publicaciones oficiales.
El primer número salió a la luz el 3 de enero de 1928, y
desde un principio cumplió con las pretensiones que respondían a su subtítulo Revista
Gráfica y Literaria de la Actualidad Española y Mundial, con reproducciones
gráficas de calidad excelente. Montiel colaboró mediante concierto con Antonio García de Linares, el cual
dirigió la revista solamente un par de meses, pero consiguiendo en este breve
espacio de tiempo una tirada de cien mil ejemplares. A partir del número 10, el
mismo Montiel se hizo cargo de la dirección de la revista, dejando la función
de jefe de redacción al periodista Vicente Sánchez Ocaña. Transcurrido un año, se
llegaron a los doscientos mil ejemplares, lo que igualaba a fuertes
competidoras de la época como eran las revistas Blanco y Negro y Nuevo Mundo.
El criterio editorial que guió Estampa fue el de llegar al gran público, con la intención
declarada de ser la revista de todos y para todos, centrada en las
informaciones gráficas sobre acontecimientos curiosos, pintorescos o exóticos,
en noticias sobre gente famosa y en abundantes reportajes sobre la
cotidianidad, con la cual se identificaron los lectores. Hubo gran cantidad de
colaboradores gráficos, generalmente fotógrafos que tenían galería abierta en
alguna ciudad mínimamente importante, y que enviaban imágenes sueltas que daban
cuenta de los acontecimientos provincianos de cierta relevancia social, y que se
presentaban como notas gráficas en una especie de álbum visual. Pero fue la
fotografía de reportaje la que tuvo mayor presencia en la revista y mayor peso
en el tratamiento editorial.
